Verbo
griego logos, palabra. Este término es empleado, sobre todo, por Juan en su Evangelio. Juan dice que “En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios”, Jn 1, 1; y el mundo fue creado por su palabra, Sal 33 (32), 6-9; Sb 9, 1; Si 42, 15. Para el apóstol Juan, Jesús es el v. creador hecho carne, que ha venido a dar la vida a los hombres; el v. fue enviado al mundo por Dios, Jn 1, 9-11; 4, 34; para fecundarlo, para revelarle la verdad, Jn 8, 32, y retornar a Dios después de haber cumplido su misión, Jn 1, 18; 13, 3; 16, 28; según lo dijo el profeta Isaías: “así será mi palabra, la que salga de mi boca, que no tornará a mí de vacío, sin que haya realizado lo que me pulgo y haya cumplido aquello a que la envié”, Is 55, 10-11.
En este mismo sentido se habla en Hebreos donde se dice que Dios habló al mundo antiguamente por medio de los profetas, quienes eran sus portavoces, pero esta vez manifestó su palabra por medio de su propio Hijo, como lo dice Juan, el v. encarnado, Hb 1, 1-4. Es decir, Jesús es el centro y el fin de la Escritura, Jn 5, 39; en él se cumple toda la palabra, Col 1, 25-29. El mismo Jesús afirmó la preexistencia del v., Jn 8, 58; 17, 5.
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