Tobías
libro de, libro del A. T. en las versiones de la Biblia que siguen a la Septuaginta griega. El libro no aparece en la Biblia hebrea, siendo uno de los llamados deuterocanónicos por católicos y ortodoxos, y apócrifos por los protestantes.
El libro de T. es una historia familiar escrita hacia el ca. 200 a. C. una narración edificante hecha por un judío de la tribu de Neftalí, temeroso de Dios, que fue deportado a Nínive, en Asiria, tras la decadencia del reino de Israel.
El libro habla de Tobit un judío acomodado y fiel a los preceptos de la Ley, que se había casado con Ana, una mujer de su parentela. Con ella tuvo a su hijo Tobías. Había hecho fortuna en Asiria, donde fue deportado, y gozaba de gran prestigio. Cuando murió el rey Salmanasar, su hijo y sucesor, Senaquerib, lo persiguió por haber enterrado los cadáveres de unos judíos. Al enterarse de que le habían denunciado, tuvo que huir, perdiendo así una vez más todos sus bienes. Cuando Senaquerib fue asesinado, su sobrino Ayikar, copero mayor y custodio del sello del nuevo rey Asarjaddón, intercedió ante éste en su favor para que le permitiese regresar a Nínive. Ya en su casa, habiéndose retirado a descansar en el patio, tras haber sepultado nuevamente el cadáver de un judío, le cayó en los ojos excremento de gorriones y quedó ciego, pero siguió confiando en Dios, al contrario que su mujer que, haciendo mofa de él le decía: “¿Dónde están tus limosnas y tus buenas obras? ¡Ahora se ve todo bien claro!”, Tb 2, 14. Ante tanta injuria, pidió a Dios que le dejase morir, Tb 3, 1-6.
En Ecbátana la capital de Media, estaba Sarra, una judía pariente de Tobit, que pedía a Dios que le enviase la muerte porque había sido injuriada por una de las esclavas de su padre, pues había sido dada en matrimonio a siete hombres, pero el malvado demonio Asmodeo los había matado antes de que se unieran a ella como casados, Tb 3, 8. Dios envió al ángel protector Rafael cuando escuchó las plegarias de ambos. El padre de Tobías, sabiendo que su muerte se acercaba, le dijo que fuera a Ecbatana y cobrara un dinero que había dejado guardado allí. Tobías salió hacia el camino a Media, buscando a alguien que le acompañara y le indicara el camino. Se encontró con el ángel Rafael a quien le ofreció pago por su guía.
Partió el muchacho en compañía del ángel y al llegar a un río y detenerse a lavarse los pies, saltó del agua un gran pez. El ángel le dijo que lo agarrara, lo abriera, le sacase la hiel, el corazón y el hígado y los guardara. Le dijo además que si se quemaba el corazón o el hígado del pez ante un hombre o una mujer atormentados por un demonio o un espíritu malo, el humo ahuyentaría todo mal y le haría desaparecer para siempre. En cuanto a la hiel, su se untaba con ella los ojos de un ciego, quedaría curado, Tb 6, 8-9.
Cerca ya de Ecbátana se detuvieron a pasar la noche en casa de su pariente Ragüel, y Tobías, aconsejado por el ángel, le pidió a éste en matrimonio a su hija Sarra. Aquella misma noche, le entregó el contrato matrimonial. Tobías quemó entonces el hígado y el corazón del pez y el olor expulsó al demonio del cuerpo de Sarra. A su regreso a Nínive, Tobías curó también la ceguera de su padre con la hiel del pez.
Finalmente cuando quiso pagar al que había sido su compañero de viaje, éste le confesó que era el ángel Rafael quien les dijo que pusieran por escrito todo lo sucedido y bendijeran a Dios por siempre. Se elevó y se perdió ante sus ojos, Tb 12, 21.
Tobit murió en paz a la edad de ciento doce años y recibió honrosa sepultura en Nínive. Poco antes de su muerte, llamó a su hijo Tobías y le recomendó que tomase a sus hijos y se fuese a Media el día que sepultase a su madre junto a él. Así lo hizo Tobías y se quedó a vivir en Ecbátana junto a su suegro Ragüel. Antes de morir pudo ver cómo los ninivitas eran llevados cautivos, cuando la deportación de Ciajares, rey de Media, Tb 14, 15.
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