Sermón de la montaña
nombre con que se conoce tradicionalmente el discurso evangélico inaugural de Jesús, en el que expone el nuevo Reino de Dios, en una de las colinas cercanas a Cafarnaúm, dirigido a sus discípulos, aunque lo oye mucha otra gente que se hace presente. Este discurso se encuentra en Mateo 5, 1 a 7, 28, y más breve en Lucas 6, 2049, aunque con diferente redacción. En Lucas no aparece lo concerniente a la Ley judía; muchos versículos de Mateo se hallan insertados en otros contextos de Lucas. Las bienaventuranzas en Mateo son ocho, mientras en Lucas son cuatro y cuatro maldiciones; en el primero, las bienaventuranzas exponen una vida virtuosa con la promesa del premio celestial; mientras en el segundo, se habla de una reversión de la situación terrestre en el cielo.
El discurso del monte se puede dividir en tres partes: 1. Introducción, en la que están las bienaventuranzas, y donde les dice Jesús a sus discípulos que son la sal de la tierra, la luz de los hombres, Mt 5, 1-16. 2. La nueva interpretación de la Ley y de los preceptos antiguos. Jesús no vino a abolirla sino a darle cumplimiento, para que se realice en toda su plenitud aquello hacia lo cual debía llevar al hombre, la justicia, “Porque os digo que, si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el Reino de los Cielos”; Jesús rechaza el rigorismo formalista en que había caído el cumplimiento de la Ley, carente de todo contenido. Jesús quiere que la Ley se interiorice y sea la opción fundamental de la vida humana, para que se dé el pleno cumplimento de la justicia; no se trata, pues de aligerarla, sino de profundizarla. El amor, precepto ya presente en la Ley mosaica, es el nuevo mandamiento de Jesús, pues cumple toda la Ley, en él se resume; Jesús lo perfecciona y es la señal que distingue a los tiempos nuevos, inaugurados con la entrega de Jesús en la cruz, Mt 5, 17 a 7, 12. En Juan está sintetizado este mandamiento: Os doy un mandamiento nuevo: “que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros”, Jn 13, 34-35; Pablo, en esta línea del sermón de la montaña, dice: “Con nadie tengáis otra deuda que la del mutuo amor. Pues el que ama al prójimo, ha cumplido la ley”, Rm 13, 8. 3. Conclusión, exhortación a vivir para Dios. Los dos caminos, el estrecho que conduce al Reino de los Cielos, y el ancho que lleva a la perdición. La necesidad de cuidarse de los falsos profetas, doctores de la mentira. Termina con una parábola, la del hombre prudente que construyó su casa en la roca, y no en las arenas movedizas. Así es quien oye las palabras de Jesús y las pone en práctica, su casa resistirá las embestidas del viento, las lluvias y los torrentes, Mt 7, 13-19.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.