Semilla
latín semen. Parte del fruto capaz de germinar. Dios creó el mundo vegetal con sus semilla, Gn 1, 11/12/29. Las semillas para comer quedaban impuras al contacto con un cadáver de animal, no así las empleadas para la siembra, Lv 11, 37-38. Se prohibía sembrar en el mismo campo dos clases de grano diferentes, costumbre mágica de otros pueblos, Lv 19, 19; Dt 22, 9. Por las semillas se pagaba diezmo, Lv 27, 30.
Este término es muy empleado en las Escrituras figuradamente así como su sinónimo simiente, para referirse a la descendencia humana, Sal 21 (20), 11; Sb 14, 6; Is 1, 4; 6, 13; 57, 3. Jesús propuso varias parábolas con las imágenes del sembrador y la s., Mt 13, 1-32; Mc 4, 3-9 y 26-32; Lc 8, 5-8. En Jn 12, 24, Jesús dice: “En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”, imagen tomada por Pablo, para explicar la resurrección, el cuerpo muerto es la s. del cuerpo glorioso después de resucitar, 1 Co 15, 35-38.
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