Saúl
hebreo deseado. Nombre de varón. 1. Rey de Edom, de Rejobot del Río, sucesor de Samlá, Gn 36, 37-38; 1 Cro 1, 48-49. 2. Hijo de Simeón y de una mujer cananea, y nieto de Jacob, Gn 46, 10; Ex 6, 15; 1 Cro 4, 24; padre del clan saulita, Nm 26, 13. 3. Levita hijo de Uzzías, descendiente de Quehat, 1 Cro 6, 9. 4. Primer rey de Israel, aproximadamente, 1030-1010 a. C. 1 S 9-31: S., Hijo de Quis, hombre acomodado, de la tribu de Benjamín; nacido en Guibeá, S. es descrito por Samuel como “un joven aventajado y apuesto. Nadie entre los israelitas le superaba en gallardía; de los hombres arriba aventajaba a todos”, 1 S 9, 1-2. El pueblo había pedido a Samuel, en Ramá, que le pusiera un rey que lo gobernara, como sucedía en los demás pueblos, pues los jueces habían torcido el derecho, además de la continua amenaza filistea. Samuel no era partidario de la monarquía, pues consideraba que su único rey debía ser Yahvéh. Pero Yahvéh ordenó al profeta que accediera, a la vez que le anunció que le enviaría a un hombre de Benjamín a quien debía ungir como rey de Israel, el cual liberaría a su pueblo de los filisteos.
Habiendo salido S. con un criado tras el paradero de unas asnas extraviadas de su padre Quis, y habiendo cruzado todo el territorio de Benjamín infructuosamente, posiblemente ya en Ramá, S. fue en busca del vidente de la ciudad, Samuel, para que los ayudara. Cuando Samuel vio a S., Yahvéh le indicó que él era el hombre a quien debía ungir como rey de Israel. Samuel pidió a S. que se despreocupara por los animales, pues ya habían aparecido. S. comió ese día con Samuel y al día siguiente fue ungido rey, 1 S 9; 10, 1-16. Posteriormente, Samuel reunió al pueblo en una asamblea en Mispá, donde Saúl es designado rey de Israel, por suertes; Samuel puso por escrito el fuero real, o el pacto entre el pueblo y el rey, y lo puso delante de Yahvéh, 1 S 8, 11-13; el pueblo fue despedido y S. marchó a su casa en Guibeá, 1 S 10, 17-27. Al mes, Najás el ammonita subió para atacar a los israelitas, acampando en Yabés de Galaad. S. venció a los ammonitas y fue proclamado rey en Guilgal, donde el pueblo ofreció sacrificios a Yahvéh, 1 S 11. Luego, S. inició la campaña contra los filisteos, a quienes derrotó en Mikmás, junto con su hijo Jonatán, 1 S 13; 14, 1-46. S., constituido rey, guerreó con los pueblos vecinos, enemigos de Israel, “contra Moab, los ammonitas, Edom, el rey de Sobá y los filisteos; doquiera se dirigía llevaba la salvación”, 1 S 14, 47-48.
El profeta Samuel rompió con Saúl a raíz de la guerra contra los amalecitas. El profeta había ordenado al rey, de parte de Yahvéh, exterminar a Amalec y entregarlo todo al anatema, pues los amalecitas le habían cortado el camino a los israelitas, atacándolos alevemente, cuando salieron de la esclavitud en Egipto y marchaban hacia la Tierra Prometida. Sin embargo, S., tras vencer a Agag, rey de los amalecitas, y capturarlo vivo, le perdonó la vida; además, permitió que la tropa reservara lo mejor del botín, consagrando al anatema sólo lo de poco valor. Samuel, entonces, le reprochó al rey S. este acto de desobediencia a Yahvéh: “Mejor es obedecer que sacrificar, mejor la docilidad que la grasa de los carneros”. Samuel le comunicó a S. que Yahvéh lo había rechazado, que no consolidaría el trono de Israel en sus manos. S. hizo llevar al rey amalecita Agag y lo mató. Después, se fue a su tierra Ramá y S. no lo volvió a ver, 1 S 15.
Luego apareció el joven David, hijo de Jesé, quien entró al servicio de la corte de Saúl. El rey, llevado por los celos debido a los éxitos militares de David, comenzando por el combate en que éste venció al gigante filisteo Goliat, inició una persecución en su contra, que obligó a David a refugiarse entre los filisteos. David tuvo la oportunidad de deshacerse del rey, pero le respetó la vida por considerarlo el ungido de Yahvéh, 1 S 24, 7. En el transcurso de este conflicto, murió el profeta Samuel, 1 S 25, 1.
Los filisteos movieron guerra contra S. y acamparon en Sunem mientras los israelitas lo hicieron en Gelboé. S. consultó a Yahvéh, pero no le respondió, y acudió donde una pitonisa de Endor, a quien le pidió que evocara el espíritu de Samuel. Este apareció y le ratificó el rechazo de Yahvéh y le anunció que moriría junto con sus hijos en la batalla con los filisteos, 1 S 28. Los hijos del rey fueron muertos en la batalla de Gelboé; S. herido se suicidó. Los filisteos despojaron los cadáveres del rey y de sus hijos de las armas, que fueron depositadas en el templo de Astarté.
Decapitaron los cuerpos que fueron colgados en el muro de Bet San. Los habitantes de Yabés de Galaad tomaron los cadáveres, los quemaron y enterraron los huesos, 1 S 31.
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