Samaría
ciudad de Palestina, localizada sobre una colina, a unos setenta kilómetros al norte de Jerusalén y a unos cuarenta y cinco al este del mar Mediterráneo, desde la cual se dominaba la ruta principal hacia Jerusalén.
La ciudad fue fundada por el rey Omrí quien gobernó en Israel entre el 885 y el 874 a. C., estableciendo en ella la capital del reino, por las facilidades que ofrecía desde el punto de vista defensivo, y que hasta la construcción de S. había estado en la ciudad de Tirsá, durante seis años.
Omrí compró la montaña por dos talentos de plata a Sémer la fortificó y erigió la ciudad en lo alto, y le puso el nombre de S., por el del anterior dueño del sitio, 1 R 16, 24. La ciudad fue terminada de construir por el hijo y sucesor de Omrí, el rey Ajab, 874-853 a. C., quien se casó con Jezabel, hija de Itobaal, rey de Tiro, quien le hizo caer en la idolatría, introduciendo el culto a Baal, deidad a la que el rey le levantó un altar y un santuario en S., 1 R 16, 32; igualmente se hizo un palacio en marfil, 1 R 22, 39. Habiéndose convertido la ciudad en centro de la adoración a Baal, el profeta ® Elías criticó duramente la conducta del rey, y, en un juicio de Dios, exterminó a los sacerdotes y profetas de este dios, llevados a S. por la reina Jezabel. Siendo rey de Israel Oseas, 732-724 a.C., y siendo tributario de Asiria, dejó de pagar el tributo, en el año 724, Salmanasar V, rey de Asiria, sitió la ciudad de S., la que, debido a su localización y a sus fortificaciones, resistió durante tres años el asedio.
Pero finalmente, en 722 ó 721 a. C., cayó en manos de Sargón II, sucesor de Salmanasar V., quien deportó a sus habitantes y repobló la ciudad con extranjeros de otros países conquistados, 2 R 17, 3-6; 18, 9-11; lo que contribuyó al sincretismo religioso de S., 2 R 17, 24-41. Tras estos acontecimientos, el reino del Norte, Israel, desapareció de la historia y Sargón II fundó la provincia asiria de Samerina.
Los profetas se refirieron a esta ruina de S. para advertir al reino Judá sobre lo que sobrevendría más tarde, la toma y saqueo de Jerusalén por los caldeos, Is 10, 9-11; Mi 1, 1-7.
Tras la caída del Imperio asirio S. pasó por manos de varias potencias extranjeras, como los caldeos, los persas, los macedonios, los tolomeos, los seléucidas, los romanos. El rey asmoneo Juan Hircano la sitió durante un año y la conquistó en el año 107 a. C., y quedó semidestruida. En la época romana, la ciudad de S. le fue entregada por el emperador Augusto a Herodes el Grande, quien hizo una serie de obras como un templo dedicado al emperador romano, un estadio, una plaza romana, y le dio a la ciudad el nombre de Sebaste, palabra griega que significa Augusta, en honor del soberano romano.
En tiempos de Jesús S. era la capital del distrito administrativo romano del mismo nombre, Jn 4, 4-5. En la primera rebelión judía, 60-70 de nuestra era, a ciudad fue quemada por los insurrectos.
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