Saludo
muestra exterior de cortesía y respeto. En las Escrituras, por lo general, saludar es la traducción del verbo hebreo barak, bendecir.
Entonces los saludos y despedidas están cargados de bendiciones de deseos de prosperidad, de salud, y, sobre todo, como era costumbre en los pueblos orientales, de paz, shalôm. “Dios te guarde”, le dice José a su hermano menor Benjamín, en encontrarse los dos en Egipto, Gn 43, 29.
Jacob bendijo al faraón Gn 47, 7. “Yahvéh contigo”, Jc 6, 12; “Yahvéh con vosotros”, Rt 2, 4. Se enviaban saludos con otras personas, David mandó saludar a Nabal, así: “Salud para ti, salud para tu casa y salud para lo tuyo”, 1 S 25, 6. David recibió saludos de felicitación por el triunfo sobre Hadadézer, del rey Tou de Jamat, por medio del hijo de este soberano, además de presentes, 2 S 8, 10. El ósculo, las venias y la postración hacían parte de los gestos de s.,: “Moisés salió al encuentro de su suegro, se postró y le besó. Se saludaron ambos y entraron en la tienda”, Ex 18, 7; “Jacob besó a Raquel”, Gn 29, 11; Aarón besó a su hermano Moisés, cuando se encontraron en el desierto, Ex 4, 27; entre padres e hijos, entre hermanos, era corriente el beso de saludo y de despedida, Gn 27, 27; 32, 1; 33, 4; 45, 15; 48, 10; 2 S 14, 33; Tb 5, 17; 7, 6. Especial consideración se tenía con las personas entradas en años: “Ponte de pie ante las canas y honra el rostro del anciano”, Lv 19, 32. Ante los reyes, los súbditos se postraban al saludar, 1 S 24, 9; 25, 23, 2 S 9, 6; 14, 4 y 33; 24, 20; 2 R 4, 27. En las cortes antiguas se acostumbraban ciertas fórmulas protocolarias para saludar a los soberanos. Betsabé saludaba a su marido, el soberano: “Viva por siempre el rey David, mi señor”, 1 R 1, 31. Entre los persas: “Viva por siempre el rey”, Ne 2, 3. Entre los caldeos: “Viva el rey eternamente”, Dn 2, 4.
Las personas visitantes eran atendidas guardando ciertas normas de hospitalidad, se salía a saludarlas, se les mandaba entrar en la vivienda y se les brindaba agua para lavar sus pies, se les ungía y se les agasajaba, Gn 18, 2-5; 19, 1-2; normas de cortesía que también se daban en la despedida, y se acostumbraba acompañar a los visitantes un buen trecho del camino, ® hospitalidad.
Se encuentran en las Escrituras diferentes fórmulas para saludar y responder al saludo así como para despedirse: “Que Yahvéh te bendiga”, Rt 2, 4. “Vete en paz y que el Dios de Israel te conceda lo que has pedido”, 1 S 1, 17; 20, 42. “Que Yahvéh os colme de bendiciones”, Sal 129 (128), 8. “Alégrate”, le dijo el ángel a María cuando la anunciación, Lc 1, 28. “Salve, Rabbí”, saludó Judas a Jesús, y le dio el ósculo traicionero, cuando lo entregó, en el huerto de Getsemaní, Mt 26, 49. Habiendo Jesús resucitado, se presentó ante los discípulos y los saludó así: “La paz con vosotros”, Lc 24, 36. Cuando Jesucristo envió a los setenta y dos discípulos a los diferentes sitios a los cuales él habría de ir, para que le sirvieran como adelantados espirituales, les indicó la manera de saludar al entrar en una casa: “En la casa en que entréis, decid primero: “Paz a esta casa”, Lc 10, 5-6.
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