Sábado
hebreo, shavat, parar, cesar. Séptimo día de la semana, santificado por Yahvéh, tras haber creado el mundo, pues en ese día cesó toda labor, Gn 2, 2-3. En el Sinaí se estableció la obligación de guardar el s., como recuerdo de la creación del mundo, tras la cual Yahvéh descansó; este mandato cobijaba a todo el mundo, incluidos los animales, los siervos, los forasteros que habitaban en medio de los israelitas, Ex 20, 8-11. Yahvéh lo instituyó como señal de la Alianza, y su violación estaba penalizada con la muerte, Ex 31, 12-17; Nm 15, 32-36. Posteriormente, en Dt 5, 15, el s. adquiere un carácter de celebración jubilosa, pues se asocia con la liberación de la esclavitud en Egipto, y en memoria de este hecho los siervos de los israelitas también debían descansar; es decir, que al motivo religioso se le añade otro de carácter humanitario, Ex 23, 12.
Como debía cesar toda actividad física en el desierto el pueblo debía recoger la víspera del s. el maná suficiente, pues el séptimo día de la semana no caía; igualmente se debía preparar la comida para el s., pues ni siquiera se podía encender el fuego, Ex 16, 22-30; Ex 35, 3. Incluso se prohibía salir de casa, Ex 16, 29; pero, posteriormente, con base en Nm 35, 4-5, se estableció el llamado “camino sabático”, según el cual se podían caminar mil codos fuera de la ciudad, y dos mil si se trataba de apacentar el rebaño, según el llamado Documento de Damasco, encontrado en Qumram; a este camino sabático se refiere Hch 1, 12.
La guarda del s. adquirió mucha importancia a partir del destierro en Babilonia, convirtiéndose en uno de los distintivos más importantes del judaísmo, Ne 13, 15-22; 1 M 2, 32-41.
El espíritu legalista y formalista de las sectas judías como la de los escribas y fariseos, convirtió el s. en una carga agobiante para los judíos, perdiendo la alegría y el júbilo de la liberación de la esclavitud que se le dio al comienzo. Jesús se enfrentó a los escribas y fariseos por este motivo, en varias ocasiones. Cuando sus discípulos fueron criticados por espigar en día sábado, Mt 12, 1-8; Mc 2, 23-28; Lc 6, 1-5; el Señor les recriminó a los fariseos que mientras vivían pendientes de lo externo, del rigorismo legal, descuidaban lo más importante, la justicia, y citaba al profeta Oseas 6, 6: “Misericordia quiero, que no sacrificio”. Igual sucedió cuando Jesús llevó a cabo muchos de sus signos en día s., la curación de los enfermos, demostrando a los judíos que esta ley no tiene un carácter absoluto, sino que se debe adaptar a las necesidades del hombre, “El sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado”, Mc 2, 27; y que sobre ella está el principio del amor al prójimo, la caridad, la justicia social, Mt 12, 9-14; Lc 13, 10-17; 14, 1-6; Jn 1, 5-18; 7, 19-24; 9.
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