Rebeca
hija de Betuel y esposa del patriarca Isaac, Gn 24, madre de los mellizos, que en su vientre se entrechocaban, por lo que R. consultó a Yahvéh y éste le dijo que llevaba en su vientre a dos pueblos. El parto se presento. Salió primero un niño rubicundo al que llamaron Esaú y luego salió el segundo, agarrado del talón de su hermano. Lo llamaron Jacob.
El favoritismo de R. por su hijo Jacob produjo resultados funestos en la familia, cuando ella consiguió engañar a Isaac haciendo que le diera la bendición destinada a Esaú, a su hijo preferido. R. instó a Jacob a huir de Esaú y nunca lo volvió a ver, Gn 27. R. murió y fue sepultada en la cueva de Makpelá, Gn 49, 31. Reconciliación, latín reconciliatio, acción de restituir relaciones quebrantadas. Griego katallagé cambiar por completo. Acción de restablecer la concordia entre los que estaban desunidos. En el A. T., era la expiación del hombre caído en pecado con el fin de eliminar su distancia de Dios. Se llevaba a cabo mediante el sacrificio prescrito por el culto, por ejemplo el Día de la Expiación, enviando un macho cabrío al demonio del desierto, Azazel, después de haber cargado sobre él, simbólicamente, por imposición de manos, todos los pecados de Israel, Lv 16.
En el N. T. Jesús utilizó la palabra perdón por la de r. En las epístolas de Pablo, Cristo interpreta el acto de r. entre el hombre y Dios, como la creación de un hombre nuevo, reconciliado con Dios, siempre y cuando que el hombre esté dispuesto a reconciliarse, 2 Co 5, 20.
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