Publicano
recaudador de impuestos. Este oficio daba mala fama a quienes lo ejercían, porque trabajaban para una nación extranjera, Roma, que imponía tributos a los nativos sometidos, porque estos recaudadores, por lo general, cobraban más de la cuenta, extorsionaban a los ciudadanos. Por otra parte, los judíos que desempeñaban estos cargos debían estar en contacto con gentiles, con los conquistadores, y se les consideraba impuros, y, además, se dudaba del cumplimiento de la Ley por parte de ellos. Por estas razones estaban excluidos de la sinagoga y discriminados socialmente, pues podía ser causa de impureza tratar con ellos. Jesús, sin embargo, no tuvo estos escrúpulos judíos y trataba normalmente con ellos, los que le causó las constantes críticas de los fariseos, tan apegados a las formalidades de la Ley. Jesús les dijo a los fariseos, en una ocasión en que se sentó a la mesa a comer con publicanos: “No he venido a llamar justos sino pecadores”, además de enrostrarles su hipocresía, Mt 9, 10-13; Mc 2, 15; Jesús dijo a los judíos que los publicanos los precederían en el Reino de los Cielos, pues cuando vino Juan Bautista aquéllos no creyeron, mientras éstos lo hicieron y se arrepintieron, Mt 21, 31-32; Lc 3, 12; 5, 29-32; 7, 29; 15, 1-7.
Mateo era publicano y Jesús lo llamó a ser su discípulo, cuando aquél estaba sentado en su despacho de recaudador de impuestos, e inmediatamente lo siguió y hospedó a Jesús en su casa, Mt 9, 9; Mc 2, 14; Lc 5, 27-28. Jesús propuso una parábola en la cual un fariseo se presentó con la mirada alta al templo y oraba dando gracias a Dios porque no era como los demás, pues se consideraba justo; mientras un p., con los ojos bajos, humildemente rogaba a Dios que tuviera compasión de él porque se consideraba pecador. Jesús dijo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no, Lc 18, 6-14.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.