Prenda
objeto que se da para seguridad de una deuda o contrato. Tamar le exigió a Judá el sello, el cordón y el bastón en p., mientras éste satisfacía la deuda de un cabrito por los servios de la mujer como prostituta, Gn 38, 17-18. L p. era una costumbre común entre los israelitas, pero debido al abuso a que se prestaba, sobre todo con la gente pobre, fue reglamentada por la Ley, Ex 22, 24-26; 24, 12-13. El acreedor no podía entrar en casa del deudor para tomar por sus propias manos la p., debía esperar afuera a que se la entregara el deudor, Dt 24, 10-11. No se debían tomar en prenda los instrumentos de trabajo del deudor, como las piedras de moler o la muela del molino, Dt 24, 6; tampoco se podía tomar el vestido de la viuda, Dt 24, 17. A pesar de la Ley, los abusos se daban contra los desvalidos, los huérfanos y las viudas, como se lee en Jb 22, 6; 24, 3. El profeta Ezequiel dice que “el justo devuelve la p. de una deuda”, Ez 18, 7. La situación llegó al extremo de que se exigía como p. a los hijos de los deudores, que eran empleados como esclavos, y las hijas deshonradas, 2 R 4, 1; Ne 5, 5.
Estas injusticias sociales fueron denunciadas por los profetas Am 2, 6-8.
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