Pozo
latín puteus. Agujero profundo que se hace en la tierra hasta encontrar agua. Dada la escasez de agua en Palestina, esta era una práctica común, sobre todo para quienes cultivaban la tierra y quienes se dedicaban a la ganadería, del pastoreo. La importancia de esta actividad se nota en la cantidad topónimos en que entra la palabra be`er, pozo, como Berseba, que significa “pozo del juramento”, seba`, o “de las siete corderas”, sibe`a, Gn 21, 31-33; 26, 33; parece que el significado debe ser p. del juramento, por el contexto. Había cisternas, en las que se recogían las aguas llovedizas y los pozos de aguas vivas, esto es, de manantial, de aguas puras y de mejor calidad que las de cisterna, Gn 26, 19.
En sentido figurado el novio llama a la amante “p. de aguas vivas que fluyen del Líbano”, Ct 4, 15. Sobre la mujer legítima y en contra del adulterio, el libro de los Proverbios, le dice al esposo: “Bebe el agua de tu aljibe, los raudales de tu p.”, Pr 5, 15. La mujer extraña es comparada con un p. estrecho, Pr 23, 27. El seol es comparado con un p., Is 14, 15; 38, 18. Yahvéh le dice a su pueblo infiel: “A mí me dejaron, manantial de aguas vivas, para hacerse cisternas, cisternas agrietadas que el agua no retienen”, Jr 2, 13; 17, 13. En el N. T., J. emplea la misma figura cuando hablaba con la samaritana junto al p. de Jacob: “Si conocieras el don de Dios, y qué es el que te dice: dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva”, Jn 4, 10.
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