Perro
griego kuon, latín can. Mamífero carnicero del cual existen infinidad de variedades. Domesticado desde muy antiguo, Jb 30, 1; se le rindió culto en muchas culturas, como en Egipto y Mesopotamia, y quedan algunas representaciones artísticas de él. Animal de poca estima en los tiempos bíblicos, Ex 11, 7; 22, 30; 1 S 17, 43; vagabundo, Ex 11, 7; Sal 59 (58), 7; carroñero, devorador de cadáveres humanos, 1 R 14, 11; 16, 4; 2 R 9, 36; voraz, no se harta, Is 56, 10-11. Con esta connotación de vil, Mt 7, 6, miserable, Mt 15, 26; Lc 16, 21, ruin, encontramos en la Escritura profusamente el término p., en hebreo keleb, para denostar, injuriar o referirse a alguien despectivamente, Dt 23, 19; Flp 3, 2; Ap 22, 15; para abajarse ante el Creador, 2 R 8, 13; para humillarse ante alguien, 2 S 9, 8; el ofendido reclama que es tratado como p., 1 S 24, 15; 2 S 3, 8. En los libros sapienciales se recurre frecuentemente a la imagen del p., Pr 26, 11, a este lugar acude Pedro en su segunda epístola, 2 P 2, 22; Qo 9, 4; Si 13, 18.
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