Pecado
perturbación de las relaciones entre el hombre y Dios, como una infracción o una contradicción con respecto al orden divino, tanto mediante un hecho como en virtud de una omisión.
En el A. T. el p., es la violación de los mandamientos de la Alianza o de la voluntad divina.
El pecado enemista a los seres humanos con Dios lo cual exige que haya arrepentimiento para obtener su perdón.
En el N. T. la inclinación humana por el p. se relaciona por vez primera con la desobediencia y la rebelión de Adán, extensivo por lo tanto al ámbito de repercusión determinado por la actuación del individuo y también como una rebelión individual frente a Dios; cada individuo, por muy justo que parezca, está atado a Satanás, Lc 13, 16, está afectado por el p., por lo que necesita hacer penitencia, Lc 13, 2-5. Hasta los publicanos y las prostitutas, a quien Jesús se dirige en repetidas ocasiones, aquellos que están aparentemente perdidos, la gracia y la misericordia divinas son concedidas, y Jesús les dice a los fariseos que los precederán en el Reino de los Cielos; los publicanos y las prostitutas oyeron la predicación de Juan Bautista y se arrepintieron, mientras los fariseos no, Mc 2, 17; Lc 7, 34 y 37; 18, 13. A la misericordia de Dios frente al pecador se une la exigencia a cada individuo de que, de igual modo, perdone a su prójimo. En su amor infinito, Dios ha enviado al mundo a su Hijo único “para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”, Jn 3, 16. Juan explica que la falta de fe, en cuanto inexcusable, es el p. por excelencia, Jn 15, 22; 16, 9, el que cree en Dios no es juzgado, pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios, Jn 3, 18. Pablo dice que el p. es una potencia que domina toda la humanidad, Rm 7, 11; 7, 14-24; pecar es rechazar a Dios y sus mandamientos.
El p. original según el Apóstol se atribuye a los primeros padres de la humanidad: “por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte”, Rm 5, 12, “...reinó la muerte desde Adán hasta Moisés aun sobre aquellos que no pecaron con una transgresión”, Rm 5, 14. Pero la doctrina del p. original fue acuñada sobre todo por san Agustín, por los reformadores y por Anselmo de Canterbury. Aunque el origen del p. se remonta a Adán, la humanidad toda fue privada de la gloria de Dios, Rm 3, 23. Lo mismo que el pecado reinó en la muerte, así también reinará la gracia en virtud de la justicia para la vida eterna por Jesucristo nuestro Señor”, Rm 5, 21. Pero, a la postre, la liberación del p. no es algo garantizado por el estricto cumplimiento de la Ley, sino por la entrada en la Iglesia de Cristo.
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