Nacimiento
en el n. de un hijo asistían a la madre las vecinas, 1 S 4, 13-17, o una comadrona, Gn 35, 17 y 38, 28; durante los dolores de parto, la madre colocaba las manos en las caderas, Jr 30, 6. El rey de Egipto con el fin de debilitar la fuerza hebrea, ordenó a las parteras que cuando asistiesen a las hebreas y viesen a la criatura, si era niño lo matasen, Ex 1, 16. Además del n., en la Biblia se menciona también el aborto, Jb 3, 16, y la muerte del feto en el seno de la madre, Nm 12, 12; el retraso del n., Os 13, 13; la muerte de la madre, Gn 35, 16-19; 1 S 4, 19 ss.
Una vez cortado el cordón umbilical se procedía a lavar con agua al recién nacido, se le frotaba con sal y se le envolvía en pañales, Ez 16, 4.
Después del parto la mujer era considerada impura. “Cuando una mujer quede embarazada y tenga un hijo varón, quedará impura durante siete días; será impura como durante sus reglas. El octavo día será circuncidado el niño; pero ella permanecerá treinta y tres días más purificándose de su sangre. No tocará ninguna cosa santa ni irá al santuario hasta cumplirse los días de su purificación.
Si da a luz una niña será impura durante dos semanas, como en el tiempo de sus reglas, y se quedará en casa sesenta y seis días más purificándose de su sangre. Al cumplirse los días de su purificación, sea por niño sea por niña, presentará al sacerdote, a la entrada de la Tienda del Encuentro, un cordero de un año como holocausto, y un pichón o una tórtola como sacrificio por el pecado. El sacerdote lo ofrecerá ante Yahvéh, haciendo por ella el rito de expiación, y quedará purificada del flujo de su sangre.
Ésta es la ley referente a la mujer que da a luz a un niño o una niña.
Si no le alcanza para presentar una res menor tome dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y otro para el sacrificio por el pecado; y el sacerdote hará por ella el rito de expiación y quedará pura.”, Lv 12.
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