Miel
sustancia dulce, espesa y viscosa, que preparan ciertos insectos, principalmente las abejas, con las materias que recogen en las flores y luego depositan en las celdillas de los panales. En los tiempos bíblicos se consumía la m. silvestre, pues no se conocía la apicultura, Sansón encontró un panal en el esqueleto de un león, Jc 14, 8-9; Jonatán, hijo de Saúl, encontró m. en el suelo y se alimentó de ella, 1 S 14, 25-26; Juan Bautista se alimentaba de langostas y m. silvestre, Mt 3, 4; Mc 1, 6. Era un alimento fino, Jacob le envió m. a José como regalo, a Egipto, Gn 43, 11; abundante en Palestina, pues se comerciaba con otros pueblos, Ez 27, 17. La m. no se podía ofrecer en la oblación, pero sí como ofrenda de primicias, Lv 2, 11-12.
La Tierra Prometida es llamada en muchos pasajes de la Escritura como “tierra que mana leche y m.”, para significar la abundancia, Ex 3, 8 y 17;13, 5; 33, 3; Lv 20, 24; Nm 13, 27; 14, 8; Dt 8, 7-10. Datán y Abirón, que se habían rebelado junto Coré, contra Moisés y Aarón, dijeron que los habían sacado de Egipto, tierra que mana leche y m., para llevarlos al desierto, única alusión en este sentido a ese país, Nm 16, 13-14.
Es abundante el uso de este término figuradamente y en la literatura sapiencial: Los juicios del Señor son más dulces que la m., Sal 19 (18), 10-11; la promesa de Yahvéh es más dulce que la m., Sal 119 (118), 103; el novio le dice a la amada que sus labios destilan m., Ct 4, 11; los labios de la mujer extraña engañan, son dulces como la m., pero se torna amarga como el ajenjo Pr 5, 3; las palabras amables endulzan como la m. el alma, Pr 16, 24; la m. es buena, pero en exceso empalaga y hace daño, Pr 24, 13; 25, 16; el recuerdo de Josías es dulce como la m., Si 49, 1; el rollo que el profeta Ezequiel comió por mandato de Dios, fue para él dulce como la m., Ez 3, 1-3; figura que se repite en Ap 10, 9-10.
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