Mésec
nombre de dos personajes y de un pueblo. 1. Hijo de Jafet, Gn 10, 2; 1 Cro 1, 5. 2. Hijo de Aram, descendiente de Sem, 1 Cro 1, 17. 3. Generalmente asociado con Túbal, países del Asia Menor, Is 66, 21; comerciaban con Tiro esclavos y objetos de bronce, Ez 27, 13. M. formaba parte con Túbal del país de ® Magog. Mesías, hebreo mashiah, griego Christós, el ungido. Este término es muy frecuente, sobre todo, en Samuel y en los Salmos. El término ungido se aplicaba, por ejemplo, a los sacerdotes, Lv 4, 3/5/16; 6, 15; 16, 32. Pero, ante todo, es un título real, que ponía a quien lo llevaba en relación directa con Dios: “el ungido de Yahvéh”. En los libros de Samuel el ungido siempre designa al rey, Saúl, David, pero no en cuanto persona, sino en cuanto a la misión que se le encomendó, a la dignidad que ostenta; es Yahvéh quien unge al rey como caudillo de su heredad, de su pueblo de Israel, 1 S 10, 1; 15, 17; 24, 7; “Yo te he ungido rey de Israel”, le dice el profeta Natán a David, de parte de Dios, 2 S 12, 7. Por esto, en los Targum, versiones populares de las Escrituras en arameo, se usa la expresión “rey mesías”. Esa relación directa del rey mesías con Dios se encuentra diáfana en el texto de Samuel: “Vive Yahvéh que sois reos de muerte por no haber velado sobre vuestro señor, el ungido de Yahvéh”, 1 S 26, 16. En los Salmos el rey, el ungido, es el hijo adoptivo de Yahvéh, cuyo reino no tendrá fin, cuyo poder llegará hasta los confines de la tierra; sumisión consiste en que haga triunfar la paz y la justicia, que sea el salvador de su pueblo. Aunque estas expresiones son comunes en otros pueblos respecto a sus soberanos, la diferencia del monarca israelita está en que es ungido por Yahvéh, lo que lo hace su vasallo, su lugarteniente suyo en este mundo. La profecía de Natán a David, basada en las palabras según las cuales no será David quien edifique el Templo, sino su hijo y sucesor Salomón, indica la alianza de Yahvéh con el linaje de David, que permanecerá en el trono de Israel, 2 S 7. Esta misma promesa mesiánica sobre la estirpe de davídica se expresa en Sal 2; 72 (71); 89 (89), 30-38; 110 (109); 132 (131), 11-12. Esto mantuvo la esperanza del pueblo en un futuro rey mesías, un rey particular, un último soberano que establecería el reinado de Yahvéh en la tierra, de un liberador del pueblo de la opresión, esperanza guardada aun después de la desaparición del reino, vigente en vísperas de la aparición de Jesús en este mundo y hasta hoy día entre los judíos.
Los cristianos vieron la realización de esta promesa en Jesús el ungido de Dios, traducido por la versión griega Septuaginta, como Christós. Este M., que no es un rey terrenal, pues viene a hablar del Reino de los Cielos, ya se vislumbra en las profecías, en la de Natán a David, según la cual será de su linaje; “Saldrá un vástago del tronco de Jesé”, dice el profeta Isaías, que será lleno del espíritu profético, el espíritu de Yahvéh reposará sobre él, que hará reinar la justicia, que refleje la santidad de Yahvéh, y restablecerá la paz del paraíso, Is 11, -1-9; en Jeremías se lee: “suscitaré a David un Germen justo ”, Jr 23, 5-6; 33, 15-16; como David, el M. saldrá de Belén, de Efratá, “la fecunda”, Mi 5, 1. Isaías lo llama Emmanuel, “Dios con nosotros”, Is 7, 14; Jeremías, Sidqenû, “Yahvéh justicia nuestra”, Jr 23, 6.
Los Evangelios y los primeros cristianos vieron estas profecías cumplidas en Jesús, quien es el Salvador, el Cristo o M., de la estirpe davídica, nacido en Belén, Mt 2, 1; Lc 2, 4-7; el Rey Pacífico del que habla Za 9, 910; el Emmanuel anunciado por Isaías, el Hijo del hombre de origen celeste contemplado por el profeta Daniel en su visión, Dn 7. Pero la misma persona de Jesús y su misma vida las que lo muestran como el M., mas no un m. político, pues él repudió esta idea.
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