Melquisedec
rey-sacerdote de Salem, con quien Abraham se encontró después de la batalla con Kedorlaomer y los reyes aliados; M. lo bendijo y Abraham le entregó el diezmo de todo, Gn 14, 18-21. Este M., personaje que aparece fugaz y misteriosamente en este pasaje bíblico, como rey de Salem, es decir de Jerusalén, ciudad escogida por Yahvéh para establecer allí su morada, es sacerdote del Altísimo, mucho antes de la institución de los levitas, es considerado en el Sal 110 (109), 4, como figura de David, quien a su vez es figura profética de Jesús, el Cristo, el Mesías, rey y sacerdote perpetuo. Esta prefiguración del sacerdocio perpetuo de Jesús fue desarrollada la epístola a los Hebreos, donde se explica el significado del nombre M., “rey de justicia”, rey de Salem, es decir, “rey de paz”. Como la Escritura guarda silencio sobre sus antepasados y su descendencia, según el autor de la carta indica la eternidad de su sacerdocio como el de Cristo. Como ni M. ni Jesús pertenecen al linaje levítico, un sacerdocio eterno, a la manera de M., y no a la manera de Aarón, sustituye al antiguo sacerdocio, considerado ya caduco, el de Jesús. El sacerdocio de Aarón era por ley de sucesión carnal, y dice el texto sagrado: “La Ley constituye sumos sacerdotes a hombres débiles; pero la palabra del juramento, posterior a la Ley, nombra a uno que es Hijo, perfecto para la eternidad”, Hb 7.
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