Mateo
don de Yahvéh. Publicano recaudador de impuestos en Cafarnaúm, bien puede ser de los romanos o de Herodes Antipas; también llamado Leví, hijo de Alfeo, por Marcos, y solamente Leví, por Lucas, a quien Cristo vio sentado en el despacho de impuestos, lo llamó y le dijo que dejara su oficio y le siguiera, Mt 9, 9; Mc 2, 13-14; Lc 5, 27-28. Pertenecía a una clase considerada de pecadores, los publicanos, por lo que Jesús fue criticado por los escribas y fariseos, cuando estuvo en casa de Leví comiendo, Lc 5, 29. Mateo evangelio según, atribuido al apóstol, uno de los doce, del mismo nombre. Algunos exegetas son de la opinión de que este texto fue el primero escrito de los tres evangelios sinópticos, y así aparece en el orden tradicional del N. T. También piensan que el apóstol lo redactó en Palestina poco antes de la destrucción de Jerusalén, por Tito, en el año 70. Sin embargo, la opinión mayoritaria asegura que el Evangelio de San Marcos es el más antiguo. Estos exegetas dicen que Marcos es una de las fuentes de M. así como que hay una segunda, la llamada fuente Q, inicial de la palabra alemana Quelle, fuente, los dichos de Jesús. Además, creen que su redacción está entre los años 75 y 90, después de la destrucción de Jerusalén, de la que se habla en 22, 7: “Se enojó el rey y, enviando tropas, dio muerte a aquellos homicidas y prendió fuego a la ciudad”, sin que esto se haya podido establecer con certeza. Básicamente, los grandes rasgos de la vida de Jesús en Lucas son los que se narran en M. Pero M. alterna los discursos con los relatos, es decir, el texto está estructurado en torno a los discursos, a la enseñanza, de Jesús. M. insiste en su texto, sobre todo, en la venida del Reino de los Cielos, 3, 2; 4, 17; Reino que debe restablecer la autoridad soberana de Dios como Rey, anunciado en las Escrituras; enfatiza sobre el carácter mesiánico de Jesús. De donde se deduce que el evangelista escribió para una comunidad judeocristiano, y de ahí la polémica con los rabinos, a quienes, mediante abundantes citas veterotestamentarias, que indican el conocimiento de las Escrituras, les muestra que en Jesús se cumplen todas las profecías, entre otras: su estirpe davídica, 1, 1-17; que sería concebido por una virgen, 1, 23; que nacería en Belén, Efratá, 2, 6; la huida a Egipto hasta la muerte de Herodes y su vuelta a vivir en Cafarnaúm, 4, 14-16; la entrada triunfal en Jerusalén y el recibimiento que le dio la ciudad como el Mesías, 21, 5-16; la traición de Judas Iscariote por una pocas monedas, 27, 9-10; y el consecuente prendimiento en el huerto de Getsemaní, 26, 54; la sepultura y los tres días que permanecería en ella, 12, 40. Aunque los otros evangelistas también recurren a citas del A. T., ésta es una característica de M. Por otra parte, es el único de los cuatro evangelistas que habla de Pedro instituido por Jesús como cabeza de la Iglesia, después que el discípulo reconoció a Jesús como el Cristo, el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le dijo: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, 16, 19.
Matías, llenó el puesto dejado por Judas Iscariote, entre los doce apóstoles. Fue presentado junto con José Barsabás para escoger en la asamblea al sustituto del traidor, que se había suicidado, y la suerte lo favoreció. Anduvo con los apóstoles y conoció a Jesús, Hch 1, 21-26.
Matrimonio, unión legal del hombre y la mujer. En el Génesis se narra que, habiendo Dios creado al hombre y habiendo puesto a su disposición la naturaleza, los animales, vio que estaba solo y que necesitaba de un ayuda apropiada, Gn 2, 18. Dios hizo caer al hombre en un profundo sueño, le sacó una costilla de la que formó a la mujer y se la presentó al hombre, Gn 2, 21-22. Estas imágenes nos muestran que la mujer no es extraña la hombre, que son dos seres complementarios, iguales, en cuanto son capaces de amor. Cuando Dios le presenta la mujer al hombre, éste entonó, lo que se ha considerado como el primer canto nupcial de la humanidad: “Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ésta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada”, Gn 2 , 22-23. El hebreo juega con la palabra `is, varón, y su femenino `issah, varona, hembra, con lo que se indica la atracción y unión de los dos sexos. No se trata sólo de atracción, pues el texto sagrado, a continuación, le da sentido: “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne”, Gn 2, 24. Con esto expresa el texto la unidad e indisolubilidad de la relación entre el hombre y la mujer, con fines procreativos, es decir, que la función específica es la transmisión de la vida: “sed fecundos y multiplicaos”, Gn 1, 28. Esto no excluye el amor y la afectividad, por esa razón se dice que serán una sola carne. Como Dios los creó macho y hembra, a su imagen y semejanza, por amor, esto implica necesariamente, además de la atracción sexual, la fuerza atractiva del amor. Aunque no existe en hebreo un término con el cual se pueda expresar el término conocido por nosotros como m., podemos decir que lo anterior es el ideal de m. planteado en el texto sagrado del Génesis y más adelante en el Cantar de los Cantares, pero diferente en la realidad histórica del pueblo de Israel. Desde Lámek, quien tomó dos mujeres, Gn 4, 19, pasando por los patriarcas, la poligamia fue el común denominador de la sociedad hebrea, la cual se acentuó en época de la monarquía, cuando los reyes tenían verdaderos harenes, al mejor estilo de las cortes paganas de la época. Sin embargo, se encuentran ejemplos de fidelidad, de monogamia, como el de Noé, a quien Dios salvó del diluvio con toda su familia, que fue el germen del repoblamiento de la tierra y símbolo de una nueva humanidad, tras la catástrofe, a quien le renovó Yahvéh la alianza hecha a los patriarcas y también lo bendijo, como a Adán y Eva, y también le dijo: “Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra”, Gn 9, 1.
En cuanto a la manera como se llevaba a cabo la unión matrimonial entre los israelitas, siendo una sociedad patriarcal, la elección de la pareja era un asunto que incumbía, por lo general, al padre de familia, Gn 24, 24 67. En muy raros casos los hijos iban en contra de la voluntad del padre en cuanto a la escogencia de pareja, como sucedió con Esaú, Gn 26, 34.
Cuando un padre escogía pareja para su hijo se debía pagar la dote, mohar, por la novia, Gn 29, 15-30; 34, 12; Ex 22, 16; 1 S 18, 25. La institución del desposorio fue común en Israel, el cual tenía un valor jurídico igual al contrato de m., Dt 22, 23-29. Aunque en los primeros tiempos bíblicos se dieron las uniones con parejas extranjeras, como la de José con una egipcia, Gn 41, 45; la de Moisés con una kusita, Nm 12, 1; posteriormente, la Ley lo prohibió, para conservar la pureza de la religión, Dt 7, 3.
Por las mismas razones de ser una sociedad patriarcal para las uniones matrimoniales se debía escoger pareja del mismo linaje, endogamia, a fin de mantener el patrimonio familiar y la pureza religiosa, Gn 24; 27, 46; 29, 12; Tb 7, 2 y 12. Por estas mismas razones, las hijas no heredaban, excepción hecha del caso de las hermanas narrado en Nm 36, 5-12, las cuales debieron casarse con los de su mismo linaje.
Igualmente esta es la razón de la ley del levirato, del latín levir, cuñado, según la cual si una mujer quedaba viuda y sin hijos, el cuñado debía tomarla por mujer, y el primer hijo era considerado como del difunto y recibía su parte de herencia. Con esta ley se perpetuaba la descendencia y se garantizaba la estabilidad del patrimonio familiar, Dt 25, 5-10; tal como los dos casos conocidos en la Biblia, el de Tamar, Gn 38; y el de Rut, Rt 4. Basados en esta ley, los saduceos, que no creían en la resurrección, hicieron una pregunta capciosa a Jesús, quien les respondió que en la resurrección ni los hombres tomarán mujer nilas mujeres marido, Mt 22, 23-33. Aunque en los primeros tiempos se dieron las uniones entre consanguíneos, Gn 11, 29; 20, 12; la Ley las prohibió, y definió los límites de la familia, Lv 18; 20, 8-21. En cuanto a la ceremonia de la unión matrimonial, ésta era de carácter civil, se usaban vestidos especiales, los novios se aderezaban con joyas, Is 61, 10; lo mismo que los acompañantes, las doncellas y los amigos del novio; se hacía una procesión a la casa de la novia y luego a la del esposo; y la fiesta de bodas, por lo general, se extendía durante siete días, en la cual se daba un banquete, había música y danzas, Gn 29, 22; Jc 14, 10; Mt 22, 1-10.
El m. es tomado alegóricamente por los profetas para describir las relaciones de Dios con su pueblo de Israel, la Alianza, a la vez que es la exaltación de la fidelidad en el m., así como de la monogamia. El primero en usar esta imagen fue Oseas, fruto de su propia experiencia, pues Gomer, su mujer, fue prostituta. Dios es el esposo fiel e Israel la esposa infiel, que se prostituyó y se entregó a la adoración de dioses extranjeros; sin embargo, Dios dice: “Pero yo la atraeré y la guiaré al desierto, donde hablaré a su corazón“, Os 2, 16; y después: “Entonces me casaré contigo en la justicia y el derecho, en la ternura y el amor; me casaré contigo en la fidelidad, y tú conocerás al Señor”, Os 2, 21-22; esta imagen nupcial, también es tomada por otros profetas, Is 50, 1; 54, 4-6; Jr 2, 2; Ez 16, 8. El profeta Malaquías ve en el m. la encarnación de la Alianza entre Dios y su pueblo, y reprocha a éste la infidelidad conyugal, por lo cual Dio no lo oye: “Porque el Señor es testigo entre ti y la esposa de tu juventud, a la que tú fuiste infiel, siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza”, Ml 2, 14-15.
En el N. T. Jesús fue tajante en cuanto a la indisolubilidad del vínculo conyugal, “lo que Dios unió no lo separe el hombre”; lo mismo que en cuanto a la fidelidad que se debe la pareja, Mt 5, 27-32; 19, 3-12; Mc 10, 2-12; de igual manera se expresó Pablo, 1 Co 7, 10.
El Apóstol como los profetas, usa el símil de m., Cristo el esposo y la Iglesia la esposa, para decir a los esposos de Éfeso: “Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia”, Ef 5, 25-33. ® esposo. ® mujer.
Mattaná, lugar en territorio de los moabitas donde los israelitas hicieron escala al final de la travesía por el desierto, antes de pasar el Jordán, Nm 21, 18-19. Mattanías, don de Dios. Nombre de varón. 1. Hijo de Josías, rey de Judá, y de Jamital. Nabucodonosor, rey de Babilonia, lo puso como rey de Judá, en lugar de su tío Joaquín, y le cambió su nombre de M por el de ® Sedecías, Yahvéh es mi justicia, 2 R 24, 17. 2. Hijo de Miká, levita que dirigía los coros, tras la vuelta del destierro, 1 Cro 11, 17. 3. Cantor en el reinado de David, descendiente de Hemán, 1 Cro 25, 4. 4. Levita, descendiente de Asaf, que ayudó en la purificación del Templo en tiempos del rey Ezequías, 2 Cro 29, 13. 5. Descendiente de Elam, de los casados con mujeres extranjeras a las que abandonaron, después del destierro en Babilonia, Esd 10, 26. 6. Descendiente de Zattú, en las mismas condiciones del anterior, Esd 10, 27. 7. Descendiente de Pajat Moab, en las mismas condiciones del anterior, Esd 10, 30. 8. Descendiente de Baní, en las mismas condiciones del anterior, Esd 10, 37. 9. Portero en tiempos de Nehemías, Ne 12, 25. 10. Abuelo de Janán, ayudante éste en los almacenes del Templo, Ne 13, 13.
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