Lucas
diminutivo de Lucio o de Lucanos —ciudad al sur de Italis—.
Médico Col 4, 14, que acompañó al apóstol Pablo en un viaje misionero a Roma, Hch 27, 1 s, y ayudó a Pablo en su cautiverio, 2 Tm 4, 11. Autor del tercer evangelio que llevaba su nombre, escrito aproximadamente entre el 80 y el 90 d. C., así como de los Hechos de los Apóstoles, después del año 80 de la era cristiana. Se le consideraba gentil; fue el único no judío entre los autores del N. T. Era sirio, de Antioquía, su libro Hechos contiene un sinnúmero de datos de la congregación antioqueña.
Se juntó con Pablo en Troas ca 51 d. C., en donde refiriéndose a los apóstoles, dice nosotros, lo que significaría que ya era uno de ellos, Hch 16, 10. Acompaño a Pablo también a Jerusalén, Hch 20, 5-21, y a Roma, Hch 27, 1; 28, 26. Pablo dice que sólo L. está con él durante su segundo encarcelamiento, poco antes de su martirio, Ti 4, 11.
De acuerdo con su estilo de escritura se reconoce en L. a un griego culto, quien indagó cuidadosamente los datos disponibles antes de escribir, Lc, 1, 14, consiguiendo datos de Pablo, Felipe, Timoteo, Silos, Marcos, Bernabé y Santiago; y de recorrer Jerusalén y Cesarea, ya que no fue un testigo ocular de los hecho desde el principio. Fue el único evangelista que manifestó expresamente conocer el oficio de escritor y su intención de redactar un evangelio completo utilizando para ello diversas fuentes, Lc 1, 1-4.
Fue pues uno de los mejores historiadores de la antigüedad. Tenía un espíritu amplio y bondadoso, era cortes y humilde. Según la tradición trabajo en Acaya después de la muerte de Pablo y murió en Bitinia, Beocia, a los setenta y cuatro años sin contraer matrimonio.
El Evangelio según san Lucas el tercer libro del N. T., fue el primer tomo de la obra de L., el segundo tomo es Hechos de los Apóstoles, se supone que fue redactado en los años ochenta del siglo primero de la era cristiana, después del Evangelio según Marcos, es decir, después de mediados los años sesenta.
El contexto del Evangelio según san Lucas es el mismo que el de san Marcos, L. amplió el relato de Marcos, Lc. 6, 20-8, 3; 9, 51-18, 14. Esas ampliaciones, se cree, fueron tomadas principalmente de una recopilación de los parlamentos de Jesucristo conocidos como Logia, y de un cuerpo de tradiciones orales denominado a veces “L”, recopiladas por L. o conocidas sólo por él.
El Evangelio según san Lucas se divide en seis secciones: Prólogo, 1,1-4.
Relatos del nacimiento infancia de Jesús y su relación con los hombres, 1,5-2,52.
El ministerio de Jesús en Galilea 3,1-9,50.
El viaje de Jesús desde Galilea a Jerusalén 9,51-19,48.
La predicación de Jesús en Jerusalén capítulos 20-21.
Pasión Resurrección y Ascensión, capítulos 22-24.
El prólogo está dirigido a Teófilo 1, 3, y en él se advierte claramente su intención de relacionar los acontecimientos de la Historia de la Salvación con la Historia universal. L. quiso dar testimonio de que los planes de Dios no fracasaron al ser rechazado Jesús por el pueblo de Israel, sino que sus profecías encontraron cabida en la nueva Jerusalén, la Iglesia de Cristo. Por tal razón, éste Evangelio, junto con los Hechos de los Apóstoles es un documento básico del cristianismo, que proporciona auténtica noticia del ministerio de Jesús y de sus apóstoles a quienes fueron llamados de entre los gentiles y ya han sido instruidos en la fe. Aquí, Jesús es representado como salvador y redentor de toda la humanidad, quien ha venido a este mundo, ante todo, al encuentro de los réprobos para conducirlos hacia Dios, “pues el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”, Lc 19, 10. En muchos de los relatos transmitidos únicamente por L., se habla de los grupos marginados de la sociedad judía. Así, por ejemplo, de la pecadora, Lc 7, 36-50; del contraste entre los fariseos y los publicanos, Lc 18, 9-14; de la conversión de Zaqueo, Lc 19, 1-10, y de la confesión del centurión romano a los pies de la cruz, Lc 23, 47. En ese contexto es de mencionar también que L. concede a las mujeres mayor margen que otros relatos en cuanto a su relación con e l significado histórico-salvífico de Jesús.
De manera análoga L. expone también con mayor claridad que los demás sinópticos, el contraste entre la pobreza y la riqueza, así como el papel de ésta en el mundo en el contexto del mensaje cristiano. En este punto, recuerda las valoraciones del apóstol Pablo al describir la avaricia como idolatría y la codicia como fuente de todo mal, Col 3, 5; Tm 6, 10.
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