Justicia
virtud que nos hace dar a cada cual lo que le corresponde.
Rectitud de conducta. Según la Escritura Dios es justo, y de él emana la justicia y la Ley, que es la base del actuar con j.: “Él es la Roca, su obra es consumada, pues todos sus caminos son justicia. Es Dios de lealtad, no de perfidia, es justo y recto”, Dt 32, 4; Sal 92 (91), 16. Justicia y Derecho son la base del trono de Dios, dice el salmista, Sal 97 (96), 2. Dios le ha dado a los israelitas, su pueblo, “leyes y mandamientos justos”, Dt 4, 8; en cumplirlos consiste la j., “Esta será nuestra j.: guardar y poner en práctica íntegramente estos mandamientos en presencia de Señor, nuestro Dios, como él nos lo ha ordenado”, Dt 6, 25. Esto es lo que se llama la Torá, es decir, las instrucciones para construir la comunidad de Yahvéh, lo que implica que la Ley no es una norma de simple cumplimiento particular, sino en vista al ordenamiento social, una vida con los demás dentro de la j., por lo que exige fidelidad a la comunidad. Toda la Ley está impregnada del concepto de j. social, y ésta es una exigencia constante en los profetas, Dt 10, 18-19; 14, 29; 24, 17-22; 26, 12-13; 27, 19; Jr 32, 16. Amós, llamado “el profeta de la j.”, lanza su amenaza: “Ay de los que cambian en ajenjo el juicio y tiran por tierra la j.”, de los que oprimen al justo, aceptan sobornos, atropellan a los necesitados, Am 5, 7 13. Isaías también denuncia la falta de j., cuando habla de la corrupción de Jerusalén, antes ciudad leal, convertida en adúltera. Antes estaba llena de equidad y j., pero se ha vuelto albergue de asesinos, cuyos gobernantes se han aliado con bandidos, amigos del soborno. La j., continúa el profeta, viene de Dios, él intervendrá, después del castigo, para aquéllos que se conviertan: “Voy a volver a tus jueces como eran al principio, y a tus consejeros como antaño. Tras lo cual se te llamará Ciudad de J., Villa-leal. Sión por la equidad será rescatada, y sus cautivos por la j.”, Is 1, 21-27. Por esto Oseas, usando el símil del matrimonio, Dios, el esposo, e Israel, la esposa, dice: “Yo te desposaré conmigo para siempre en j. y en derecho, en amor y en compasión, y te desposaré conmigo en fidelidad, y tú conocerás a Yahvéh”, Os 2, 21-22. Es decir, la j. es la condición para la unión con Dios y para la convivencia, y, por tanto, para la paz y la prosperidad del pueblo. Sin embargo, el pueblo de Israel no es capaz por sí mismo de cumplir la Torá, pues la j. no es un mérito de Israel sino un don de Dios, por eso le dijo el Señor antes de cruzar el Jordán y antes de conquistar la tierra de Canaán: “No digas en tu corazón: Por mi j. me ha dado el Señor la posesión de esta tierra, siendo así que es por injusticia por lo que el Señor echa a esas naciones lejos de ti. No por tu j. ni por la rectitud de tu corazón vas a entrar en posesión de la tierra, sino por la injusticia de esas naciones las echa el Señor lejos de ti, y también por el juramento hecho a vuestros padres Abraham, Isaac y Jacob. Reconoce que el Señor, tu Dios, no te da la posesión de esa buena tierra debido a tu j., pues no eres más que un pueblo de cabeza dura”, Dt 9, 4-6. Dios le da el juicio al rey para que gobierne con j., Sal 72 (71), 1-2. Dentro del ideal teocentrista de los israelitas, la Ley de Dios es también la ley terrenal y en ella se debe basar todo gobierno, toda administración de j. En los tiempos paleoisraelitas, los asuntos de j. los dirimían a los jefes de las tribus. En la época monárquica, se instituyeron tribunales en todas las ciudades, instancias locales, Dt 16, 18; si el caso sobrepasaba las capacidades de los tribunales locales, se acudía a una instancia superior, a un tribunal en Jerusalén, que juzga a nombre de Yahvéh, cuyos fallos eran inapelables, Dt 17, 8-13; así lo estableció Josafat, rey de Judá, cuando llevó a cabo la reforma religiosa, 2 Cro 19, 5-11. En el judaísmo posterior y en la época del N. T., seguían los tribunales locales, las sinagogas y el Sanedrín de Jerusalén, doctores de la Ley.
En el mensaje de Jesús j. es hacer la voluntad del Padre, Mt 7, 21, que revela el Hijo en su palabra, la que hay que oís y poner en práctica, para alcanzar la j., Mt 7, 24-26; el camino de la justicia es aquel que predicó Jesús en el sermón de la montaña, Mt 5, 3-12. La j. en el mensaje de Jesús rebasa el simple concepto de ley, lo que se llamaría j. legal, pues plantea una nueva comunidad de hermanos, que hacen la voluntad del Padre, caracterizada por el amor a Dios y al prójimo, Mt 23, 37-40.
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