Juramento
afirmación o negación de una cosa que se hace tomando por testigo o juez a Dios, invocándolo, Gn 21, 23; 31, 50 y 53; 1 S 14, 39 y 45; 20, 23; 28, 10; 1 R 1, 30; Jr 42, 5. El j., a veces, se hacía acompañado de un gesto, que lo reafirmaba, como poner la mano debajo del muslo, Gn 24, 2-3 y 9; 47, 29; otro antiguo rito de alianza, de compromiso, consistía en que los que se comprometían a algo partían un animal, pasaban por entre las carnes e invocaban sobre sí la suerte de la víctima, si incumplían el j., Gn 24, 17; Jr 34, 18. El que servía de fiador, chocaba la mano con el acreedor, rito éste jurídico, Pr 6, 1; 17, 18; 22, 26; Job pide a Dios que sea su fiador, Jb 17, 3. Se juraba para maldecir, como Josué cuando destruyó la ciudad de Jericó, maldijo a quien se atreviera a reconstruirla, Jos 6, 26.
En el lenguaje antropomórfico de la Biblia Dios jura por sí mismo, Gn 22, 16; 24, 7; 50, 24; Is 45, 23; Is 45, 23; Jr 22, 5; 51, 14; Ez 5, 11; 20, 39; 36, 7. El perjurio y jurar en falso por el nombre de Dios estaba severamente condenado, Ex 20, 7; Lv 5, 24; 19, 12; Nm 14, 30; 30, 3; 32, 10-11; Dt 1, 34-35; 5, 11; 23, 22; Si 23, 9; igualmente, lo condenan los profetas, Ez 16, 59; 17, 13 ss.
Jesús dice sin atenuantes: “No juréis en modo alguno... Sea vuestro lenguaje: Sí, sí; no, no: que lo que pasa de aquí viene del Maligno”, Mt 5, 33-37; es decir, no es necesario el j., basta la veracidad, la sinceridad, esto es, que en todo debe haber acuerdo entre lo que se dice y lo que hay en el corazón. Esto mismo se lee en St 5, 12.
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