José
Él añade. Nombre de varón. 1. Pariente de Jesús, Mt 13, 55; en Mc 6, 3, aparece una variación del nombre, Joset. 2. J. Barsabás, por sobrenombre el Justo. J. fue presentado, junto con Matías, para elegir a quien ocuparía el puesto dejado por Judas Iscariote entre los doce apóstoles. Ambos conocieron a Jesús, y fue escogido Matías, Hch 1, 23-26. 3. J. de Arimatea, hombre rico de Arimatea, miembro respetable del Sanedrín, bueno y justo, que esperaba el Reino de los Cielos, discípulo en secreto de Jesús, por temor a los judíos. Como miembro del Sanedrín, J. no estuvo de acuerdo con el proceder de este consejo con respecto Jesús. Este J. tuvo la valentía de acudir donde el procurador Poncio Pilato para pedir el cuerpo de Jesús, tras su muerte en la cruz, para darle sepultura en un sepulcro nuevo que había hecho excavar en la roca, y el procurador romano se lo concedió, Mt 27, 57; Mc 15, 42-47; Lc 23, 50-56; Jn 19, 38-42. 4. José el carpintero, esposo de María, de la que nació Jesús, Mt 1, 16, descendía del linaje de David, Lc 2, 4. Vivía J. en Nazaret donde ejercía el oficio de carpintero, Mt 13, 55; en Mc 6, 3, se dice que Jesús también era carpintero. 5. J. el patriarca, decimoprimer hijo del patriarca Jacob, primero que le nació de Raquel, su segunda esposa, en Paddán Aram, Gn 30, 22-24. De niño fue llevado a Palestina, donde vivió hasta los diecisiete años de edad, como pastor de los rebaños de su padre, Gn 31, 17-18. Era el preferido por Jacob entre sus hermanos, de cuyos malos pasos enteraba a su padre, lo que, junto con los sueños, que contó a sus hermanos, en los cuales J. aparecía por encima de ellos, hicieron que éstos le aborrecieran e intentaran matarle; pero, por insinuación de Judá, después de haberlo echado en un pozo vacío, fue vendido a unos mercaderes madianitas, quienes, a su vez, lo vendieron en Egipto a Putifar, capitán de la guardia del faraón. A Jacob, sus hijos le enviaron la túnica de J. manchada con la sangre de un cabrito, y el padre creyó que una fiera lo había devorado, Gn 37, 3-36. J. prosperó en Egipto, Putifar lo nombró mayordomo de su casa, donde la mujer del egipcio, por no querer J. acceder a sus deseos carnales, lo calumnio y fue encarcelado. Sin embargo, su comportamiento hizo que el jefe de la cárcel le nombrara guardián de todos los detenidos, Gn 39.
Estando J. en la cárcel fueron llevados allí el jefe de escanciadores y el de los panaderos, por haber caído en desgracia ante el faraón. Éstos tuvieron unos sueños, que fueron interpretados por J.: al escanciador le pronosticó que sería reintegrado a su cargo, mientras el jefe de panaderos sería ejecutado, todo lo cual se cumplió a los tres días, según dijo J., Gn 40. Esto le dio a J. la oportunidad de salir de la prisión y encumbrarse en Egipto.
Dos años después el faraón tuvo dos sueños que ninguno de sus magos y sabios pudo interpretar. El jefe de los escanciadores se acordó de J. y se lo comunicó al faraón, quien lo hizo sacar de la prisión y llevarlo ante su presencia para que desentrañara el significado de sus sueños misteriosos.
J. a partir de los dos sueños, predijo al faraón siete años de abundancia y siete de carestía, en Egipto. J. aconsejó al soberano poner al frente del país un hombre inteligente que impusiera una contribución del quinto de las cosechas, que serviría de reserva para la época de escasez. J. fue nombrado primer ministro de Egipto, el faraón lo proclamó públicamente, le dio el nombre de Safnat Panéaj, esto es, “Dios habla: Él vive”, y le entregó por esposa a Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote de On. J. recorrió todo el país y recogió inmensa cantidad de granos, que fue almacenada, Gn 41,1-49. Antes de los años de escasez, Asnat le parió dos hijos a J., Manasés, el primogénito, y Efraím, Gn 41, 50-52. Al llegar los años de hambre, J. abrió los graneros, e iban de los pueblos vecinos a Egipto a comprar granos. En Canaán también hubo escasez de alimentos y Jacob mandó a sus hijos a Egipto para proveerse de granos, lo que fue ocasión para el reencuentro de J. con sus hermanos, con los cuales se reconcilió, Gn 42; 43; 44; 45. Después, Jacob se trasladó a Egipto con toda su familia y fueron instalados por J., en una de las regiones más ricas de este país, Gosen, al este del delta del río Nilo, de acuerdo con el faraón, Gn 46; 47, 1-12.
Cuando Jacob enfermó J. lo visitó con Manasés y Efraím, sus hijos, a quienes aquél adoptó. Tras la muerte, J. enterró a Jacob en su tierra, en la cueva de Makpelá, sepulcro de sus antepasados, tal como lo había pedido su padre, Gn 50, 1-14. J. murió en E., de ciento diez años de edad, habiendo conocido a los bisnietos de su hijo Efraím y a los nietos de Manasés. J. pidió que cuando los israelitas salieran de Egipto hacia la Tierra Prometida, llevaran con ellos sus huesos, como se cumplió, siendo enterrados en Siquem, Gn 50, 22-26; Ex 13, 19; Jos 24, 32.
La llegada de los israelitas a Egipto coincidió con los ® hicsos pueblo de origen semita, que dominaban en aquel país, lo que hizo posible la buena acogida que tuvieron allí así como la prosperidad de que gozaron. José llevó a cabo en Egipto una reforma agraria, de suerte que todas la tierras quedaron en manos del Estado, menos las de los sacerdotes; el Estado suministraba las semillas y el cultivador entregaba a la corona el quinto de la cosecha, Gn 47, 13-26.
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