Jonás
nombre de varón. 1. Profeta hijo de Amittay, de Gat de Jéfer, ejerció su ministerio en Israel, en epoca del rey Jeroboam II, 783-743 a. C. El rey recuperó el territorio fronterizo de Israel, desde la Entrada de Jamat hasta el mar de Arabá, según se lo anunció el profeta J., 2 R 14, 25. A este J., por sinonimia, se le atribuye el librito del mismo nombre.
El libro de J. el quinto de los profetas menores, es completamente diferente de los escritos de los demás profetas, pues éste es una narración sobre un profeta desobediente a Dios. Yahvéh le encomienda a J. la misión de ir a Nínive a predicar porque la maldad de esta ciudad ha llegado hasta él y será castigada con la destrucción. J., tratando de evadir la responsabilidad, se embarcó en el puerto de Jope rumbo a Tarsis. Ya en camino, se desató una tempestad que amenazaba echar a pique la nave, y los marineros decidieron arrojar la carga al mar para aligerar el peso de la misma. Luego, propusieron echar la suerte para saber quién era el culpable, costumbre ésta propia de la antigüedad, la que recayó en J. Éste confesó que huía de Yahvéh y fue arrojado al mar, tras lo cual se calmó la borrasca.
Una vez en las aguas Yahvéh hizo que un gran pez se tragara a J., desde cuyo vientre el profeta oró al Señor. J. permaneció tres días y tres noches en el estómago del animal, al cabo de los cuales, por mandato de Yahvéh, fue vomitado por el pez en tierra firme.
Yahvéh por segunda vez, le ordenó a J. marchar a Nínive. El profeta llegó a la ciudad y la atravesó anunciando a los habitantes que sería destruida en cuarenta días, si no se convertían y se arrepentían de sus maldades. Los ninivitas con su rey a la cabeza se arrepintieron, hicieron penitencia, ayunaron, vistieron de saco y se sentaron en ceniza. Yahvéh, viendo cómo se convertían de su mal proceder, no ejecutó el castigo anunciado por boca de J. J. sintió disgusto por la pronta conversión ninivita y por la compasión de Yahvéh hacia este pueblo, y pidió a Dios que le mandara la muerte. J. salió de la ciudad y se instaló al oriente, a la sombra de una choza a la espera de algún suceso en la ciudad. Yahvéh hizo que creciera una planta de ricino por encima de Jonás para dar sombra a su cabeza y librarle así de su malestar. Jonás se alegró por aquel ricino. Sin embargo, a la mañana siguiente, Yahvéh mandó a un gusano que dañó el ricino, y éste se secó. Al salir el sol, Yahvéh mandó un viento abrasador que castigó la cabeza del profeta, que empezó a desfallecer y se deseó la muerte.
Yahvéh le increpó entonces la compasión de J. por la planta y le dijo: “¿Y no voy a tener lástima de Nínive, la gran ciudad, en la que hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda, y una gran cantidad de animales?”, Jon 4, 11.
Este obrita por su lenguaje, se puede situar en la época postexílica, en el siglo V a. C. No es de carácter histórico, sino didáctico, pues un hecho como el del arrepentimiento del rey de Nínive y toda su población habría dejado, por la magnitud del hecho, algún rastro en los documentos asirios y en las Escrituras. La obra es una enseñanza sobre la infinita misericordia de Dios, que sólo espera una muestra de arrepentimiento del pecador para darle su perdón, incluso al enemigo más acérrimo de Israel, Asiria; es decir, que Dios no sólo lo es de los judíos, también lo es de los gentiles, como lo dijo después el Apóstol en Rm 3, 29. Jesús puso a los ninivitas como ejemplo de arrepentimiento ante la predicación de Jonás; sin embargo, sus contemporáneos, que tenían a alguien más que J. no se convirtieron, Mt 12, 41; Lc 11, 18-32. En Mt 12, 40, la permanencia de J. tres días en el vientre del pez, es figura de Cristo, que permaneció tres días y tres noches en el sepulcro, al cabo de los cuales resucitó. 2. Padre del apóstol Pedro, Mt 16, 17. Jonatán, Yahvéh ha dado. Nombre de varón. 1. Hijo de Guersón y nieto de Moisés y Séfora, sacerdote de la tribu de Dan, Jc 18, 30. 2. Hijo mayor del rey Saúl. Éste, en los inicios del reinado, en la lucha contra los filisteos, se escogió tres mil hombres, de los cuales J. comandaba mil en Gueba de Benjamín, 1 S 13, 2. En este tiempo, J. mató al gobernador de los filisteos en Guibeá, 1 S 13, 3, hecho que desató la guerra; pero J., con su escudero, sin que nadie lo supiera, atacó un puesto filisteo en Mikmás, lo que causó gran confusión en el grueso del ejército, que huyó; los israelitas los persiguieron y obtuvieron una gran victoria, 1 S 13, 23; 14, 1-23. El rey Saúl, en esta guerra, ordenó un ayuno, a fin de que Dios le diera la victoria, pero J., ignorante del mandato del rey, lo violó al tomar un poco de miel. J. debía morir, pero fue salvado por el pueblo, puesto que la derrota de los filisteos fue obra suya, 1 S 14, 24-30 y 36-45.
Después que David derrotó al gigante filisteo Goliat y tras haber hablado con el rey Saúl, entabló amistad con J., hasta el punto que el hijo de Saúl le dio a David su manto, las armas y el cinturón, con lo cual sellaron una alianza entre los dos, 1 S 18, 1-4. Cuando surgieron diferencias entre Saúl y David, queriendo el rey eliminarlo, J. intervino por David ante Saúl, pero en vista de que nada pudo conseguir, aconsejó a su amigo que huyese, a pesar de la lealtad que le debía a su padre, 1 S 19 y 20. Estando David en el desierto de Zif, en Jorsa, y habiendo salido Saúl en su persecución, J. fue a verlo y a darle ánimo, entonces le dijo: “No temas, porque la mano de Saúl, mi padre, no te alcanzará; tú reinarás sobre Israel y yo seré tu segundo. Hasta mi padre Saúl lo tiene sabido”. Los dos hicieron alianza ante Yahvéh, 1 S 23, 15-18.
Esta amistad entre David y J. se mantuvo intacta hasta la muerte de éste junto con su padre Saúl y sus hermanos, Abinadab y Malki Suá, en la batalla de Gelboé contra los filisteos, 1 S 31, 1-13; 2 S 1, 1-16; 1 Cro 10, 1-12. Cuando David se enteró de la muerte de su amigo J. y de su padre Saúl, entonó en su memoria una elegía, 2 S 1, 17-27. Tenía J. un hijo tullido de pies, Meribbaal, el mismo Mefibóset, 2 S 4, 4; 1 Cro 8, 34; 9, 40; y David lo mandó llevar de casa de Makir, en Lo Debar, a su palacio, donde comía a la mesa del rey, 2 S 9. Los huesos de J., que habían sido enterrados bajo el tamarisco de Yabés de Galaad, fueron trasladados por David al sepulcro de Quis, padre de Saúl, en Selá, territorio de Benjamín, 2 S 21, 12-14. 3. Tío y consejero del rey David, 1 Cro 27, 32. 4. Hijo del sumo sacerdote Abiatar, 2 S 15, 36; 1 R 1, 41. 5. Uno de los Valientes de David, hijo de Samá, de Arar, 2 S 23, 32-33. 6. Escriba de Sedecías, rey de Judá, en cuya casa, convertida en prisión, fue encarcelado el profeta Jeremías, Jr 37, 15 y 20; 38, 26. 7. Hijo de Caréaj, asociado al crimen contra la vida de Godolías, gobernador puesto en Judá por Nabucodonosor, rey de Babilonia, tras la destrucción de Jerusalén, Jr 40, 8. 8. J. Macabeo, hijo de Matatías, uno de los cinco hermanos macabeos. J. tenía por sobrenombre Afús, esto es, el Favorito. Al morir Judas Macabeo en el campo de batalla, J. lo sucedió como jefe, 160-142 a. C., en la guerra de los judíos contra los seléucidas, 1 M 9, 28-31.
Judas Macabeo murió en plena lucha contra Báquides general de Demetrio I Sóter, rey seléucida, en el año 160 a. C. Cuando Báquides supo que J. había sucedido en el mando judío a su hermano Judas, trató de hacerlo morir, y J. y su hermano Simón se refugiaron en el desierto de Técoa, junto a la cisterna de Asfar, al sudeste de Belén, donde establecieron el campamento. Aquí murió Juan, hermano de J., a manos de una tribu árabe. J. hizo su campamento en la orilla occidental del Jordán, hasta donde fue Báquides y lo hizo retroceder hacia la otra orilla, pero el general seléucida no pasó el río. Báquides regresó a Jerusalén e hizo fortificar varias ciudades, tomó rehenes de entre los principales y los dejó en la Ciudadela de Jerusalén. Entre los meses de abril y mayo del año 159 a. C., el sumo sacerdote Alcimo ordenó destruir el muro del atrio interior del Lugar Santo, y murió, por lo que Báquides marchó donde el rey y hubo paz en Judá durante dos años, 1 M 9, 32-57. En el año 157 a. C., Báquides volvió a la guerra con J. Éste y los suyos se fueron a Bet Basí, entre Belén y Técoa, y fortificaron la plaza, hasta donde fue Báquides y les puso sitio durante varios días. J. salió y derrotó a varias tribus que apoyaban al general del rey seléucida, mientras Simón, que se había quedado en Bet Basí, salió y derrotó a Báquides, quien se volvió a su tierra. J. le envió emisarios y obtuvo del general que le devolviera los prisioneros capturados en Judá y que se comprometiera a no volver a hacer el mal en su vida. J. se estableció en Mikmás, desde donde juzgaba al pueblo de Israel, 1 M 9, 58-73. J. sacó partido de la rivalidad por el trono seléucida entre Demetrio I Sóter y Alejandro Balas, quien se hacía llamar Epífanes y pretendía pasar por Hijo de Antíoco IV Epífanes. Alejandro se proclamó rey en Tolemaida, con el apoyo de Egipto. Demetrio I Sóter, entonces, escribió a J. haciéndole propuestas de paz, concediéndole autorización para reclutar tropas, fabricar armamento y contarse entre sus aliados; igualmente, ordenaba que le fuesen entregados los rehenes de la Ciudadela. J. fue Jerusalén, donde se estableció, reconstruyó la ciudad y fortificó el monte Sión, y fueron liberados los rehenes, 1 M 10, 1-14. Alejandro Balas, enterado de los ofrecimientos de su rival a J., también le escribió nombrándolo sumo sacerdote y amigo del rey, y le envió una clámide de púrpura y una corona de oro. En octubre del año 152 a. C., J. vistió los ornamentos sagrados, en la fiesta de las Tiendas, 1 M 10, 15-21.
Demetrio I de nuevo, insistió con otra carta a J., la cual fue rechazada, pues “recordaban los graves males que Demetrio había causado a Israel y la opresión tan grande a que les había sometido”. J. y el pueblo tomaron el partido de Alejandro, 1 M 10, 22-47.
En el año 147 a. C. Demetrio II Nicátor, hijo y sucesor de Demetrio I Sóter, inició la disputa con Alejandro Balas de Siria, y nombró a Apolonio, gobernador de Celesiria, a quien venció J. Macabeo, por lo que Alejandro Balas le concedió nuevos honores, 1 M 10, 67-89. En la batalla de Oinoparos entre Alejandro Balas y Tolomeo VI, faraón de Egipto, aliado éste ahora de Demetrio II, casado con Cleopatra Tea, hija del faraón, que había sido mujer de Alejandro, el rey egipcio venció, pero, habiendo sido herido, murió cuatro días después; Alejandro Balas huyó a Arabia, donde fue asesinado. Demetrio II, entonces entró a reinar, en el año 145 a. C. J. Macabeo reunió gente y atacó la Ciudadela de Jerusalén, y Demetrio, irritado, lo citó en la ciudad de Tolemaida, donde se reunieron y acabó Demetrio confirmando a J. en el sumo sacerdocio; J. obtuvo del soberano que dejara libre de impuestos a Judea, a cambio de trescientos talentos, tributo debido por el sumo sacerdote al rey anualmente, 1 M 11, 20-37. Demetrio II, ya en paz, licenció las tropas, dejando a su servicio únicamente a los mercenarios, lo que indispuso a los saldados despedidos. Esto ocasionó un alzamiento en Antioquía, y J. Macabeo acudió en ayuda de Demetrio II, y fue sofocada sangrientamente la rebelión. Diodoto, o Trifón, antiguo partidario de Alejandro Balas, aprovechando esta circunstancia, alzó como rey al hijo de Alejandro, Antíoco VI. Tras el auxilio brindado por J. a Demetrio, en Antioquía, éste incumplió los acuerdos, y el Macabeo se pasó al lado del nuevo monarca Antíoco VI Diónisos, quien lo confirmó en el sumo sacerdocio y nombró a su hermano Simeón estratega desde la Escalera de Tiro hasta la frontera de Egipto. Demetrio II envió su ejército para despojar de su cargo a J., pero éste lo venció, 1 M 11, 38-74. J. renovó las alianzas de amistad con los romanos y espartanos, 1 M 12, 1-23.
Trifón queriendo usurpar el trono de Asia, eliminó al joven Antíoco, engañó a J. y lo mató en Tolemaida, en el año 143 a. C., 1 M 12, 39-53.
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