Joab
hijo de Sarvia, hermana de David, y hermano de Abisay y Asahel. Formó parte, junto con sus dos hermanos, de los llamados “Veteranos de David”, 2 S 2, 13, y llegó a ser jefe de su ejército, 2 S 8, 16; 1 Cro 18, 15.
Cuando Murió el rey Saúl David fue ungido rey de Judá, en Hebrón, y Abner, jefe del ejército de Saúl, levantó como rey a Isbaal, único hijo sobreviviente de éste. Hubo guerra entre la casa de Saúl y la de David. J. y los Veteranos de David se encontraron en la alberca de Gabaón con Abner y los benjaminitas de Isbaal. Abner propuso un combate entre doce de los Veteranos de David y doce de Isbaal, y J. aceptó el reto; pero, en el enfrentamiento, todos murieron. La batalla se generalizó, y J. y los Veteranos de David vencieron a los hombres de Isbaal. Abner huyó, y en su persecución salió Asahel, hermano de J., quien, a pesar de los ruegos de aquél de que desistiera y se apartara para no tener que matarlo y atraerse sobre sí la venganza de sangre de J., persistió en su persecución y fue muerto atravesada por la lanza de Abner. J. y Abisay partieron en persecución de Abner, los Veteranos de David mataron a trescientos sesenta de los benjaminitas de Isbaal. J. y sus hombres volvieron a Hebrón, 2 S 2, 12-32. Habiéndose disgustado Abner con Isbaal por una mujer que había sido concubina de Saúl, aquél propuso una alianza a David, para entregarle el reino de Israel, y estuvo en Hebrón, donde David le dio un banquete y le despidió en paz. Enseguida, llegó J. a Hebrón, de una campaña militar, y se enteró de la reunión del rey con Abner, y le reclamó por no haberlo detenido, pues, según dijo, su visita tenía por objeto espiar a David. J., sin que lo supiera el rey, hizo devolver a Abner hasta Hebrón, le tendió una trampa y lo asesinó, en venganza por la muerte de Asahel, en la batalla de Gabaón, 2 S 3, 22-25. David, recientemente coronado rey, nada pudo hacer ante el homicidio: “Hoy estoy reblandecido, pues soy rey ungido, pero estos hombres, hijos de Sarvia, son más duros que yo”. David, entonces, dejó el castigo de los asesinos en manos de Yahvéh y maldijo a J. y a la casa de su padre, 2 S 3, 26-39.
Cuando David fue ungido también, rey de Israel, en Hebrón, marchó a la conquista de Jerusalén, habitada por los jebuseos, ciudad que tenía la mejor fortaleza de Palestina, la de Sión, y J. mostró su valentía, fue el primero en atacar, por lo que fue nombrado jefe y capitán, según lo prometió David al que lo hiciera antes que los demás combatientes, 1 Cro 11, 6. J. se distinguió al frente del ejército de David, en la primera campaña contra los ammonitas y los arameos, a quienes derrotó, 2 S 10, 114; 1 Cro 19, 8-15. Igualmente en la segunda campaña contra Ammón, cuando David se quedó en Jerusalén y sucedió lo de Betsabé, lo mismo que lo de Urías, esposo de ésta, a quien J. puso en el frente de la batalla, por orden de David, para que muriera, 2 S 11. En esta guerra contra los ammonitas, J. puso sitio a la ciudad de Rabbá, capital de Ammón, y la tomó, tras lo cual envió mensajeros a David para que reuniera el resto del ejército, y el rey finiquitara la acción a fin de que los honores no fueran para J. sino para el rey, 2 S 12, 26-28. Absalón, hijo de David, había huido del rey a Guesur, a causa del asesinato de Amnón, por la violación de Tamar. Al cabo de tres años, habiendo aminorado la ira del rey contra su hijo, J. intervino para que Absalón regresara a Jerusalén, 2 S 14. Posteriormente, al cabo de cuatro años, Absalón se rebeló contra su padre David y se proclamó rey en Hebrón. David debió huir. Los Veteranos de David derrotaron al ejército de Absalón, al frente del cual estaba Amasá, pariente de J. David, antes de la batalla había ordenado a sus soldados que no le hicieran daño a su hijo. Sin embargo, cuando Absalón huía, su cabello se enredó con las ramas de una encina y quedó suspendido de ella, situación que aprovechó J., desobedeciendo a su señor, para clavarle tres dardos en el corazón, tras lo cual fue rematado por diez jóvenes escuderos. J. mandó tocar el cuerno y cesó la batalla, 2 S 18, 1-16. Estando David llorando la muerte de su hijo Absalón, J. entró en casa del rey y le reclamó por su desinterés para con quienes combatieron por él y lo salvaron junto con toda su familia, lo que podría producir un alzamiento de los combatientes que acabaron la rebelión del hijo del rey; David, entonces, se sentó a la puerta y el ejército vino ante el rey, 2 S 19, 1-9. Tras estos acontecimientos, David nombró a Amasá jefe de su ejército, en lugar de J., y volvió a Jerusalén, 2 S 19, 14-15. Cuando Seba, hijo de Bicrí, se rebeló contra David, J. Aprovechó la ocasión para quitarse de encima a Amasá, a quien asesinó, engañándolo con un gesto de paz, cerca de la piedra grande de Gabaón, en donde se encontraron, 2 S 20, 8-10. Tras la muerte de Amasá, J. siguió en persecución de Seba hasta Abel Bet Maaká, donde sus habitantes le entregaron la cabeza del rebelde, para que J. no hiciera daño a la población. J. volvió donde el rey David, y ocupó de nuevo la jefatura del ejército, 2 S 20, 14-23.
Ya anciano David quiso que su hijo Salomón le sucediera en el trono, pero Adonías, el mayor de los hijos vivos del rey, pretendió rebelarse a la voluntad de su padre, usurpando el trono para lo cual obtuvo el concurso de J., jefe del ejército, y la del sacerdote Abiatar, 1 R 1, 7. Sin embargo, Salomón prevaleció sobre los conspiradores, a quienes no castigó en el momento, 1 R 1, 50-53.
Estando David para morir hizo llamar a Salomón para comunicarle su testamento. Le encomendó que tomara las medidas necesarias contra J. por lo que había hecho contra los dos jefes de los ejércitos de Israel, Abner, hijo de Ner, y Amasá, hijo de Yéter, a quienes J. asesinó, 1 R 2, 5-6.
Muerto el rey David su hijo Salomón ordenó a Benaías la muerte de Adonías y el sacerdote Abiatar fue destituido; J., ante los rumores de lo sucedido, fue a refugiarse en la Tienda de Yahvéh y se agarró a los cuernos del altar, y allí lo ejecutó Benanías, según mandó el rey Salomón. Benaías fue nombrado jefe del ejército, en lugar del muerto J., 1 R 2, 28-35.
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