Jerusalén
hebreo Yerushalayim, ciudad de paz. La ciudad más importante de Tierra Santa, considerada, asimismo, santa por las tres las grandes religiones monoteístas del mundo: el judaísmo, porque allí estuvo el Templo de Salomón; el cristianismo, porque en ella transcurrieron los últimos momentos de Jesús en la tierra; y el Islam, porque en ella ascendió a los cielos el profeta Mahoma desde la Roca del monte del Templo, Harám al-Sarif. La ciudad ha tenido varios nombres: Urusahalim, que quiere decir, “fundación de Shalem”, Sahlem era el dios de la paz para los amorreos, y en Ez 16, 3, se lee que de J. dice Yahvéh: “Tu padre era amorreo y tu madre hitita”; de Shalem, también, se deriva shalôm, paz. El primer nombre que encontramos en la Escritura para esta ciudad es Salem, ciudad de paz, Gn 14, 18; Sal 76 (75), 3; En tiempo de los jueces era llamada Jebús, por sus habitantes los jebuseos, Jc 19, 1011; 1 Cro 11, 4-5. Su nombre en árabe es al-Quds, que significa el “Santuario”. Después que David fue ungido rey de Israel en Hebrón, subió a J. y la conquistó y desde entonces se llama así, aunque también se le dice Sión, Moriah, Ciudad de David, Ariel, ciudad del Gran Rey, Ciudad Santa. La ciudad estuvo poblada desde el paleolítico. Los primeros habitantes fueron expulsados entre el 5000 y el 4000 a. C. por los cananeos, en la edad del bronce. Estos invasores eran una mezcla de pueblos, entre los cuales sobresalían los jebuseos. En el siglo XV a. C., durante las conquistas del faraón Tutmosis III, pasaron a ser vasallos de Egipto. En las cartas de Amarna, descubiertas en 1887, que contienen parte de la correspondencia del faraón de la dinastía XVIII, Amenofis IV o Ajenatón, 1374-1347 a. C., con los gobernadores de sus provincias, se menciona este vasallaje de J.
Por las Escrituras se sabe que estaba habitada en tiempos del patriarca Abraham; Salem se llamaba la ciudad, y allí el patriarca se encontró con el rey y sacerdote Melquisedec, en el valle de Savé, Gn 14, 17-20; este valle, también llamado del Rey, se menciona en 2 S 18, 18, y, según el historiador Josefo, estaba muy cerca de la ciudad.
Cuando los israelitas conquistaron Palestina ca. 1220 a 1200, Jebús, nombre de la ciudad en ese entonces, no pudo ser tomada, Jos 15, 63.
David después de ser ungido rey de Israel, ya había sido proclamado de Judá, tomó hacia el año 1000 a. C. la ciudad, cuya fortaleza jebusita de Sión había sido inexpugnable hasta entonces. David se instaló en la fortaleza y la llamó Ciudad de David. “Edificó una muralla en derredor, desde el Mil.ló hacia el interior”, 2 S 5, 6-9; 1 Cro 11, 4-9. Así, David hizo de J. la capital política y religiosa del reino. Llevó el Arca desde Baalá, o sea, Quiryat Yearim, y la instaló en un nuevo tabernáculo, 2 S 6.
Posteriormente Salomón, hijo y sucesor de David, llevó a cabo grandes obras que embellecieron como nunca la ciudad, construyó el Templo, el palacio real, para lo cual importó maderas del Líbano, levantó murallas, 1 R 6; 7; 1 Cro 3; 4. A la muerte de Salomón, ca. 931 a. C., el reino se dividió en el reino del Norte, Israel, y el del Sur, Judá, con capital en J. Los reyes posteriores a Salomón llevaron a cabo varias obras en la ciudad, así como también sufrió muchos daños tanto por las luchas con el reino de Israel como con los extranjeros. El rey Ozías de Judá, 781-740 a. C., hubo de reconstruir los “cuatrocientos codos de la muralla de Jerusalén desde la puerta de Efraím hasta la puerta de Angulo”, que habían sido destruidos por Joás, rey de Israel, 2 R 14, 13; 2 Cro 25, 23; igualmente, la fortaleció, 2 Cro 26, 9 y 15. El rey Ezequías, 716-687 a. C., hizo un túnel a través de la colina para llevar el agua desde la fuente de Guijón hasta el estanque de Siloé, obra de ingeniería avanzada para la época, 2 R 20, 20; 2 Cro 32, 30.
Ca. 922-921 a. C. Sosaq, rey de Egipto, siendo rey de Judá Roboam, saqueó el Templo y el palacio real, y se llevó los escudos de oro que había hecho el rey Salomón, 1 R 14, 26. En el reinado de Joram, 848-841 a. C., los filisteos y los árabes conquistaron J., saquearon la casa del rey y se llevaron a sus hijos y a sus mujeres, dejando sólo a Ocozías, el menor, 2 Cro 21, 17. Bajo el reinado de Joás 835-796 a. C., los arameos invadieron Judá, mataron gente importante de J. y se llevaron un gran botín, 2 Cro 24, 23-24. En el 701 a. C., Senaquerib, rey de Asiria, le arrebató cuarenta y seis ciudades al rey Ezequías, menos J., y lo sometió a tributo; en la segunda campaña, el monarca asirio debió suspender el asedio a J. a causa de una epidemia, 2 R 18, 17-37; 19; 2 Cro 32, 1-22; Is 36; 37. En 609 a. C., Nekó, rey de Egipto, destronó al rey de Judá Joacaz, y lo sustituyó por su hermano Yoyaquim, 2 R 23, 33-35. Entre el año 598 y el 597 a. C., Nabucodonosor II, rey de Babilonia, asedia a J., el rey Joaquín se rinde y es sustituido por Sedecías, muchos de los habitantes de J. son deportados a Babilonia. Ca. 589-588, Sedecías se rebela; entre junio y julio del 587 ó 586, J. es tomada y Sedecías hecho prisionero. Un mes después, Nabuzaradán, jefe de la guardia del rey Nabucodonosor, arrasa la ciudad y el Templo, y hay nueva deportación a Babilonia, dejando sólo a la gente más pobre, 2 R 24: 25; 2 Cro 36, 17-21.
Sin embargo a pesar del desastre de la ciudad y del Templo, J. siguió siendo el centro de la vida religiosa, y el profeta Jeremías dice que mientras duró el cautiverio en Babilonia, los judíos que no habían sido deportados y gentes del Norte iban en peregrinación a la Casa de Dios en J., con “la barba raída, harapientos y arañados”, en señal de luto y penitencia, llevando oblaciones e incienso Jr 41, 5.
En el año 539 a. C. Ciro el Grande, rey de Persia, se toma la ciudad de Babilonia. En el año 538 a. C., dicta un decreto que autoriza a los judíos volver a su tierra, con el alto comisario Sesbasar, reconstruir la ciudad de J. y el Templo; el rey devolvió los objetos del culto robados por Nabucodonosor, Esd 1, 1-11. En este mismo año se restauró el altar de los holocaustos, Esd 3, 3. Entre el 520 y el 515, se levantó el llamado “segundo Templo”, bajo el alto comisario Zorobabel, Esd 6, 15; Ag 2, 15.
Entre el año 445 y 443 en la primera misión de Nehemías, se reconstruyó la muralla de J., Ne 3.
En 332 a. C. la conquista de Alejandro Magno y el dominio de los lágidas o tolomeos de Egipto no cambiaron demasiado a J. Lo que sí sucedió cuando cayó en manos de los seléucidas, en el 193 a. C., y la ciudad cambió por la influencia cultural helenizante de estos monarcas y se presentaron divisiones y conflictos entre los mismos judíos. El mayor impacto lo sufrió J. bajo Antíoco IV Epífanes, quien saqueó el Templo y lo profanó erigiendo un altar a Zeus, en el 169 a. C., además de desatar una persecución a todo aquel que se rigiera por la Ley, 1 M 1, 21-64. Esto hizo que Matatías, con sus cinco hijos, iniciara la guerra santa contra el régimen seléucida, lo que se conoce como la rebelión de los Macabeos.
Muerto Matatías ® Judas Macabeo tomó el mando de la guerra de liberación, conquistó el monte del Templo y restableció el santuario. Sin embargo, Judea se libró de los seléucidas, sólo con Simón, el último de los cinco hermanos Macabeos, quien logró el reconocimiento como sumo sacerdote y en el año 141 a. C. finalizó la ocupación seléucida. Bajo los macabeos la ciudad se convirtió en la ciudad santa del judaísmo y en lugar de peregrinación.
En el año 63 a. C. el general romano Cneo Pompeyo Magno tomó a J., con lo que se inició el dominio romano de la ciudad. Pompeyo nombró sumo sacerdote a ® Hircano. De aquí en adelante, la época de mayor prosperidad se vivió bajo ® Herodes el Grande, quien reconstruyó de manera fastuosa el Templo.
Ya desde la época de Herodes el Grande comenzaron a formarse grupos de oposición al dominio de Roma, como los zelotes, y debido a las sublevaciones judías, Tito, hijo del emperador Vespasiano, destruyó en el año 70, la ciudad de J. y el Templo, sobreviviendo algunas fortificaciones de la parte occidental, con lo que finalizó la historia de la J. antigua.
Entre el 132 y el 135 se llevó a cabo la rebelión judía contra Roma, comandada por Bar Kokebá, la cual fue sofocada sangrientamente e hizo que el emperador Adriano reconstruyera la ciudad, pero una ciudad pagana, prohibida para los judíos, a la que dio el nombre de Aelia Capitolina, y J. quedó convertida en colonia romana.
En época del emperador Constantino I el Grande 306-337, convertido al cristianismo, se le devolvió el nombre de J. a la ciudad. A instancias de Santa Elena, madre de Constantino, se construyó la iglesia del Santo Sepulcro y muchos otros edificios religiosos, con lo que volvió a ser la ciudad santa. J. fue conquistada en el año 637 por los musulmanes, bajo el califato de Omar I. En el año 691 se construyó la cúpula de la Roca, o mezquita de Omar, en el lugar donde se cree estaba el altar del Templo de Salomón.
Los turcos selyúcidas tomaron la ciudad en el año 1071 y su maltrato a los cristianos así como la destrucción de la iglesia del Santo Sepulcro fueron algunas de las causas que llevaron al papa Urbano II a convocar las Cruzadas. En 1099, bajo el mando del noble francés Godofredo de Bouillon, los cruzados conquistaron J., y se instauró el llamado reino latino, y en el año 1100, Balduino I, conde de Bolonia, hermano de Godofredo, fue coronado rey de J. En 1187, fue reconquistada por los musulmanes bajo el mando de Saladino I.
Desde el siglo XIII cuando J. fue conquistada por los mamelucos egipcios, hasta el reinado de los turcos otomanos, que comenzó en 1517, la importancia de la ciudad decayó. Muchos judíos que huían de las persecuciones que padecían en Europa regresaron a su ciudad, y ya terminando el siglo XIX formaban un grupo significativo entre los habitantes de la ciudad. En el año 1917, J. fue ocupada por los británicos, y desde 1922 hasta 1948 formó parte del mandato británico de Palestina como capital.
Desde 1949 J. es la capital del Estado de Israel fundado en 1948.
En el N. T. se habla de la J. terrenal y la J. nueva, la celestial, figura de la Iglesia triunfante y símbolo escatológico de la consumación de los tiempos, ciudad de los elegidos, Gl 4, 26; Hb 12, 22 ss; Ap 3, 12-21; 21, 2-4.
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