Isaac
él se ríe, forma abreviada de yis- jaq-El, Dios ha sonreído, se ha mostrado propicio. Segundo hijo de Abraham con su mujer Sara. I. es el segundo patriarca, padre Esaú y Jacob. Cuando Yahvéh se le apareció a Abraham, siendo éste de noventa y nueve años, le dijo que haría alianza con él, le hizo la promesa de darle la tierra de Canaán y que lo haría fecundo, padre de muchedumbres, y por eso le cambió el nombre de Abram por el de Abraham. Le anunció que Sara, su mujer, le daría un hijo, al que debía llamar I., por lo que el patriarca se rio, pues Sara contaba con noventa años de edad. Abraham había tenido un hijo, Ismael, con la esclava egipcia de Sara, Agar, por donde Yahvéh también le anunció una gran descendencia, que fueron las tribus nómadas del norte de Arabia; sin embargo, le dijo que la Alianza la establecería con el hijo que le nacería, Isaac, Gn 17. En la teofanía de Mambré, Sara también ríe cuando Yahvéh le dice que será madre a una edad tan avanzada, y el Señor le dice: ¿Hay algo difícil para Yahvéh?, Gn 18. Las risas de Abraham y de Sara son alusiones al nombre I., tal como se explicó al comienzo su significado. Sara dio a luz a I., en el tiempo dicho por Dios, en Guerar o Berseba, y la madre dijo, aludiendo otra vez al nombre de su hijo: “Dios me ha dado de qué reír; todo el que lo oiga reirá conmigo”. Abraham, entonces, circuncidó a su hijo a los ocho días de nacido, tal como se lo mandó Yahvéh, como señal de la Alianza para toda su descendencia, Gn 21, 1-7. Posteriormente, Dios probó la fidelidad de Abraham, le pidió que fuera al país de Moria y le ofreciera en holocausto a su hijo I. Abraham preparó todo lo necesario para el sacrificio, aparejó un asno y partió hacia el lugar señalado con I. y dos mozos. Al tercer día de camino, el patriarca divisó el sitio, dejó a los mozos, cargó la leña sobre su hijo y Abraham llevó el fuego y el cuchillo.
Isaac preguntó a su padre por la víctima para el sacrificio puesto que lo demás estaba dispuesto. Abraham contestó: “Dios proveerá el cordero para el sacrificio”. Abraham levantó el altar, dispuso la leña, ató a su hijo y lo puso sobre el ara. Cuando se disponía a sacrificar a I., el Ángel de Yahvéh lo detuvo y le dijo: ahora ya ´se que eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único”. El patriarca alzó los ojos y vio un carnero enredado entre las zarzas, lo tomó y ofreció el holocausto, y llamó aquel lugar “Yahvéh provee”. Tras esta muestra de fe inquebrantable, Yahvéh le renovó las promesas, Gn 22, 1-19. Los Padres ven en este episodio prefigurada la pasión de Cristo.
Siendo Abraham muy viejo llamó a su criado más antiguo, su mayordomo, tal vez Eliezer, le tomó juramento y lo envió solo, sin I., a la patria del patriarca, a Aram Naharáyim, en la alta Mesopotamia, a casa de los parientes de Abraham en Jarán. a buscar mujer para I., para que no fuera de las hijas de los cananeos, en medio de los cuales vivía. El mayordomo encontró a Rebeca, hija de Betuel, el arameo de Paddán Aram, Gn 25, 20, y la llevó como mujer para I., quien, a la edad de cuarenta años, la tomó como su mujer, Gn 24. Rebeca era mujer estéril, por lo que a los veinte años de vivir con I., éste pidió a Yahvéh que le concediera un hijo. Rebeca concibió dos hijos que se entrechocaban en su seno, por lo que consultó a Yahvéh, quien le dijo: “Dos pueblos hay en tu vientre, dos naciones que, al salir de tus entrañas, se dividirán. La una oprimirá a la otra; el mayor servirá al pequeño”. Rebeca dio a luz, el primero en salir fue Esaú, el segundo Jacob. El primogénito es el padre de los edomitas, y de Jacob descienden los israelitas; estos dos pueblos hermanos mantuvieron permanentes conflictos. Esaú fue cazador y el preferido de su padre, mientras Jacob, hombre casero, lo era de su madre Rebeca. Gn 25, 19-27.
I. a raíz del hambre que se presentó en su país, se fue a vivir a Guerar, donde Abimélek, rey de los filisteos. Allí se le apareció Yahvéh y le dijo que no fuera a Egipto, que se quedara en Guerar y le renovó las promesas hechas a su padre Abraham. En esta tierra I. prosperó, de donde se fue a Berseba, donde de nuevo Yahvéh le renovó las promesas.
Siendo ya de edad avanzada y habiendo perdido la visión I. llamó a su primogénito Esaú y le pidió que cazara algo para él y le preparara un guiso, a fin de bendecirlo antes de morir. Habiendo oído Rebeca la conversación, preparó un guiso, le puso las mejores galas de Esaú a Jacob y le cubrió las partes lampiñas con piel de cabrito, pues el hijo mayor era muy velludo, y así Jacob engaño a I., se le adelantó a su hermano y obtuvo la bendición de su padre Gn 27, 1-45; en este episodio se ve la libre elección de Dios, que prefiere e Jacob, a quien renueva las promesas y de quien descenderá el pueblo de Israel. I. prohibió a Jacob que se casara con mujer cananea y lo envió a Paddán Aram, donde sus parientes, a casa de Betuel, padre de Rebeca, para que buscara mujer entre la hijas de Labán, hermano de Rebeca, Gn 28, 1-2. I. murió de ciento ochenta años de edad, en Mambré o Quiryat Arbá, la misma Hebrón, Gn 35, 27-29, y fue enterrado en la cueva de Makpelá, que había comprado Abraham a los hijos de Het, Gn 49, 30.
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