Hombre
hebreo ‘adam, griego anthropos, latín homo. En las Escrituras no existe una definición de h. Los escritores sagrados centraron el tema del hombre en su relación con Dios creador y salvador. En los principios del Génesis, se dice que Dios creó el cielo y la tierra, y como culmen de esa creación, ‘adam, el género humano, el h., la criatura por excelencia, punto de llegada de la acción creadora divina. La peculiaridad del h., está en fue creado a imagen y semejanza de Dios, lo que le da capacidad para relacionarse íntimamente con su creador, sin ser su igual, por eso dice “a semejanza”; y con el mundo, distinto y por encima de los animales, como dominador sobre todas las cosas: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves del cielo, y en las bestias y en todas la alimañas terrestres...”, Gn 1, 26. Por otra parte, en el versículo siguiente, el 27, dice: “macho y hembra los creó”, es decir, no hay humanidad sin los dos sexos, iguales en cuanto a sus relaciones con Dios, entre sí y con el mundo. Aquí, también, encontramos la naturaleza comunitaria y social del ser humano. De la creación a imagen y semejanza con Dios, se sigue como consecuencia el deber moral y ético del hombre, el respeto por el semejante, el respeto a la vida, sin esguinces: “Quien vertiere sangre de h., por otro hombre serásu sangre vertida, porque a imagen de Dios hizo Él al hombre”, Gn 9, 6.
En el A. T. según la concepción semita, el hombre se considera uno, el ser vivo, a pesar de que se hable de su alma, nefes, de su espíritu, ruâh, de su carne, basar. Nefes y rûah son dos términos hebreos que impropiamente se traducen como alma, pues en realidad significan vida.
De ahí que el texto del Génesis diga: “Entonces Yahvéh Dios formó al h. con polvo del suelo, e insufló en sus narices aliento de vida, y resultó el h. un ser viviente”, Gn 2, 7. Los asomos de dualismo se dan en algunas partes, como en el libro de la Sabiduría y en N. T., por influjo de la cultura griega, el alma, psyché, opuesta a cuerpo, soma. Es notoria la separación entre alma y materia, “el cuerpo mortal oprime el alma y la tienda terrenal abruma la mente reflexiva”, Sb 9, 15. En Pablo, encontramos la figura de la tienda terrena que se desmorona, en contraposición a la morada eterna; y la esperanza de la felicidad para el alma cuando salga del cuerpo, 2 Co 5, 1-10.
En el libro de la Sabiduría se lee: “Porque Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su mismo ser; pero la muerte entró en el mundo por envidia del diablo y la experimentan sus secuaces”, Sb 2, 23-24.
Este es el llamado del creador a la salvación que depende de la fidelidad del hombre a sus preceptos; Dios creó al hombre finito y a la vez inmortal, y del mismo hombre depende su muerte, pero no la biológica sino la espiritual. Es decir, el hombre, a pesar de ser creado a imagen y semejanza de Dios, es criatura deleznable, y es, por tanto, ridículo en su afán de autoafirmarse por sí mismo, por el contrario alcanza la verdad cuando reconoce su contingencia y su dependencia del creador.
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