Herodes
nombre de varios príncipes de origen idumeo, que gobernaron Judea, muy dependientes de Roma. 1. H. I el Grande, rey de Judea del 37 al 4 a. C. Nacido en la Idumea judaizada, al sur de Palestina, ca. 73 a. C. Su padre Antípatro, quien había sido nombrado procurador de Judea por Julio César, lo puso como gobernador de Galilea en el año 47 a. C., cuando apenas H. contaba con veinticinco años de edad. Muerto Julio César, el asmoneo Antígono depuso al etnarca Hircano II y se proclamó rey de Judea, en el año 40 a. C. H., por su parte, con el apoyo de Antonio y Cayo Octavio, después Augusto, emperador romano, y a pesar de la resistencia de los supervivientes de la familia asmonea, consiguió que el senado romano lo reconociera como rey de Judea, pero debió sostener una lucha de tres años, con la ayuda romana, con Antígono, apoyado por los partos, para conseguir la captura y ejecución de su oponente y hacerse con el poder en el 37 a. C. H. se casó con Mariamne II, una princesa asmonea, tratando de fortalecer su posición política ante los judíos; sin embargo, posteriormente hizo que la mataran. Habiendo sido derrotado Marco Antonio, protector de H., en la batalla de Actium, o Accio, en el año 30 a. C., y habiéndose suicidado aquél, el rey de Judea se pasó al lado del vencedor Cayo Octavio, quien lo confirmó en el trono, pensando en actitud pro romana de H. y en que seguiría los dictados del imperio; además, le fue entregando más territorios, de suerte que H., quien dependía directamente de Roma, extendió sus dominios hasta Judea, Idumea, Samaría, Galilea, Perea y la zona del Haurán.
En los inicios de su reinado H. tuvo complicaciones políticas, como la pugna entre las dos sectas judías de los fariseos y lo saduceos, la oposición de los restos de los asmoneos, además de que durante su reinado nació el grupo político de los zelotes, enemigos declarados de Roma, quienes posteriormente realizaron las rebeliones contra los romanos. Pasadas las luchas internas del reino de H., el pueblo disfrutó de paz, los judíos pudieron continuar con su culto sin ser molestados, a excepción de cuando fue puesta en el Templo el águila imperial de los romanos, ya en los últimos días de vida de H. Hubo progreso y bienestar, como lo hizo Augusto en todo el imperio. H. impulsó la agricultura y el comercio, se dedicó a la construcción de numerosas obras así como a la restauración de varias ciudades al estilo helenístco-romano. Construyó en las ciudades teatros, anfiteatros, circos para juegos; en Jerusalén levantó el palacio real de la fortaleza Antonia. Para defender las fronteras de las incursiones de los árabes, reconstruyó y construyó numerosas fortalezas, que más tarde fueron importantes en la rebelión de los judíos contra Roma, sobre todo la de Masada, en una montaña del desierto, en la orilla occidental del mar Muerto, al suroriente de Jerusalén, que eran dos palacios fortificados.
Construyó ca. 23 a. C., el Herodión, ciudad y fortaleza al sudeste de Belén. En el año 20 a. C., comenzó la reconstrucción del Templo de Jerusalén, que algunos llaman el tercero, siguiendo el diseño básico del de Salomón, aunque de dimensiones más grandes y más ostentoso, el cual fue destruido en el año 70 de nuestra era, por Tito, del cual se conserva el Muro Occidental Judío, llamado Muro de las Lamentaciones. H. reconstruyó la ciudad de Samaría y la llamó Sebaste, que en griego significa Augusta, en honor del emperador romano. Fundó, ca. 22 a. C., Cesarea de Palestina, también en homenaje a Augusto, por su título de césar, ciudad a la que dotó de anfiteatro, templos, numerosos edificios públicos lujosos, acueducto y alcantarillado, así como de un importante puerto con rompeolas, cuyas ruinas se conservan hoy. En esta ciudad, precisamente, se dio la primera conversión de un gentil al cristianismo, la del centurión romano Cornelio, Hch 10.
Siendo H. de la religión judía su vida era la de un pagano, estuvo siempre envuelto en escándalos, tuvo diez matrimonios; su vida transcurrió en medio de intrigas palaciegas, políticas y familiares. Fue un mandatario inteligente y hábil, pero muy desconfiado lo que lo llevó a la crueldad hasta con su propia familia, hizo asesinar a los descendientes de la familia asmonea, que podían reivindicar el trono, como a su propia segunda mujer Mariamne II, su suegra Alejandra y sus hijos Alejandro y Aristóbulo. Días antes de su muerte, H. hizo matar a su propio primogénito Antipater. Según el evangelio de Mateo, en tiempos de este soberano de Judea, nació Jesús, quien al saberlo por los magos llegados de Oriente, creyendo que su reinado peligraba, mandó matar a todos los niños de Belén de dos años para abajo, pensando con esto eliminar al niño Jesús; sin embargo, el ángel del Señor le avisó en sueños a José de lo que sucedería y éste huyó con María y el niño hacia Egipto, donde permanecieron hasta la muerte de H., en Jericó, Mt 2.
Muerto H. el reino se dividió en tres partes, tetrarquías, entre sus hijos H. Antipas, Arquelao y H. Filipo, de acuerdo con el testamento del rey, el cual fue respetado por el emperador romano Augusto. 2. H. Antipas, hijo de H. el Grande y de la samaritana Maltaké, nacido en el año 21 a. C., tetrarca de Galilea y Perea del 21 a. C. al 39 d. C. Su sobrenombre Antipas, en griego, significa retrato del padre. Se casó con la hija de Aretas IV, rey de los nabateos, pero la dejó para convivir con Herodías, mujer de su hermano Filipo, hijo de H. el Grande y de la princesa asmonea Mariamne II, distinto éste del Filipo, hijo de H. el Grande y Cleopatra, tetrarca de Iturea y Traconítida, mencionado en Lc 3,1. Herodías era hija de Aristóbulo, nieta de H. el grande y, por tanto, sobrina de H. Antipas. Como Juan el Bautista le reclamara por esta situación, “No te está permitido tener la mujer de tu hermano”, le decía, puesto que la tomó estando vivo su hermano y sin que la hubiera repudiado, Herodías, aprovechando que H., en su cumpleaños, había quedado fascinado con el baile de Salomé y por esto le había prometido con juramento darle lo que quisiera, Herodías hizo que su hija pidiera la cabeza del Bautista, lo que H. llevó a cabo, entregándosela en una bandeja de plata, Mt 14, 3-12; Mc 6, 17-29; Lc 3, 19-20. Por esta unión con Herodías, H. terminó en guerra con Aretas IV, quien lo venció en al año 36. H. Antipas, como su padre, fortificó su primera capital, Séforis, y después fundó una nueva, Tiberíades, en la orilla occidental del lago del mismo nombre o de Genesaret, en honor del emperador romano Tiberio.
Bajo el reinado de H. Antipas transcurrió la vida pública de Jesús.
Cuando el rey supo de la fama de Jesús pensó que era Juan Bautista resucitado, y temió, Mt 14, 1-2; Mc 6, 14-16; Lc 9, 7-9. Alguna vez unos fariseos le dijeron a Jesús que H. quería matarle, el Señor le dio a entender en su respuesta “a ese zorro”, que su hora aún no había llegado, Lc 13, 31. 33. Ante H. Antipas, quien se encontraba en Jerusalén con motivo de la celebración de la Pascua judía, remitió Poncio Pilato a Jesús, cuando lo prendieron, por ser galileo y, por tanto, pertenecer a la jurisdicción de aquél. H. se alegró, pues hacía tiempo quería ver a Jesús, en vista de la fama que de él había llegado a sus oídos y de los milagros que había hecho, y esta era la oportunidad de ver uno de sus signos, Lc 9, 9; pero el Señor permaneció en silencio ante las preguntas y la curiosidad del rey, por lo que éste, con su guardia, le puso un vestido real y se mofó de él, y lo devolvió a Pilato. Pilato y H. Antipas se hicieron, entonces, buenos amigos; ninguno de los dos encontró culpa alguna en Jesús para condenarlo a muerte, Lc 23, 6-12 y 15.
En el año 39 a instancias de Herodías, viajó a Roma a pedirle a Calígula que le diese el título de rey. El emperador romano, por el contrario, lo depuso y lo desterró con Herodías a Lugdunum, o Lyon, en las Galias.
Como la levadura sirve para fermentar la masa y asimismo, la puede corromper, Jesús les decía a sus discípulos que se cuidaran de la levadura de los fariseos y de la H., Mc 8, 15. H. 3. H. Agripa I, Marco Julio, el Mayor, nacido en el año 10 a. C., hijo de Aristóbulo y de la asmonea Mariamne, nieto por la madre de H. el Grande, hermano de H., rey de Calcis, 41-48, y de Herodías. Siendo joven, vivió en la corte de Tiberio, emperador romano, creció en compañía de Cayo César, después el césar Calígula, nieto del emperador.
Cuando éste llegó al poder le entregó a Agripa I las tetrarquías de H.
Filipo y de Lisanias en el año 37. En el 39, habiendo sido depuesto y desterrado H. Antipas, también recibió la tetrarquía de Galilea y Perea.
En el año 41 el emperador romano Claudio lo nombró rey de Judea, con lo que logró reunificar casi todo el territorio del reino que había sido de H. el Grande. H. Agripa I consiguió la simpatía de los judíos, por su devoción, sus contribuciones para el Templo y su apoyo a la cultura judía. Sin embargo, no ocurrió lo mismo con los cristianos, a quienes persiguió, lo cual gustó a los judíos. En los Hechos de los Apóstoles se habla de la persecución de H. Agripa I a los fieles de la Iglesia de Jerusalén, así como del martirio de Santiago, hermano de Juan, por la espada, y del encarcelamiento del apóstol Pedro. El ángel del Señor rescató a Pedro de la prisión, y H. Agripa I, al no encontrarlo, hizo ejecutar a los guardias encargados de la custodia del apóstol, Hch 12, 1-19. H. Agripa I murió en el año 44, cuando arengaba al pueblo, que lo aclamaba: “¡Es un dios el que habla, no un hombre!”. Dice el texto sagrado que el ángel del Señor le hirió, por no haber dado gloria Dios, y expiró convertido en pasto de gusanos, Hch 12, 20-23. 4. H. Agripa II, Marco Julio, nacido en el año 28, en Palestina, hijo de Agripa I. Se educó en la corte del emperador romano Claudio. Siendo muy joven, su padre, rey de Judea, murió, año 44, por lo que Claudio no permitió que asumiera el poder, y los territorios de Agripa I pasaron a dominio romano. En el año 48, Claudio lo nombró rey de Calcis, como sucesor de su tío H., quien había muerto. En el 49, fue nombrado inspector del Templo con derecho a designar a los sumos sacerdotes, y con estas facultades nombró a Anán, hijo de Anás, en el año 62. En el 53, el emperador Claudio, a cambio de Calcis, le concedió las tetrarquías de Filipo y Lisanias y la eparquía de Varo, Líbano del norte. El sucesor de Claudio, Nerón, le entregó a Agripa II parte de las regiones de Galilea y Perea.
En el año 60 Pablo, habiendo sido preso y habiendo apelado ante el César, el procurador romano Porcio Festo le hizo comparecer ante el rey Agripa II y su hermana Berenice, quienes convivían escandalosamente, ambos de visita en la ciudad Cesarea. Agripa era un conocedor de la cultura judía, como el mismo Pablo lo afirma en Hch 26, 2-3; razón por la cual el procurador le pidió su concepto sobre el caso del Apóstol. Tras el discurso de Pablo, Agripa II le comentó: “Por poco me convences para hacer de mí un cristiano”. Al final, Agripa II dijo al procurador Porcio Festo: “Podría quedar en libertad este hombre si no hubiera apelado al César”, Hch 25, 13-27; 26. Agripa II se distinguió por la fidelidad a los romanos. Cuando la rebelión de los judíos contra Roma, año 66 al 73, estuvo al lado de ésta, siendo herido en el sitio de Gamala, por lo que el emperador Vespasiano lo recompensó dándole nuevos territorios; en el 75, además, recibió el título de pretor. Murió en el año 93, siendo el último representante de la dinastía herodiana, y su territorio pasó a formar parte de la provincia romana de Siria.
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