Hambre
latín fames. Necesidad de comer; escasez de alimentos. En los tiempos bíblicos se habla de distintas épocas en que hubo escasez de comida, debido a diferentes causas, como las sequías, las guerras, los saqueos, etc. En tiempos patriarcales, Abraham se desplazó hacia Egipto, por causa del h., Gn 12, 10; Isaac fue a Guerar, donde Abimélek, rey de los filisteos, y allí se estableció con los suyos, por la misma causa, Gn 26, 1; estando José en Egipto, en la interpretación de los sueños del faraón, le predijo al soberano siete años de abundancia y siete de h. José pidió al rey de Egipto que pusiera a alguien sabio al frente del país así como encargados de cobrar el quinto de las cosechas en la época de abundancia, para tener reservas alimenticias durante la escasez de granos. José fue el encargado para esta misión. Llegado el h., José abasteció a Egipto de grano y de todos los países venían a Egipto a comprar alimentos, como del cananeo, desde donde Jacob envió a sus hijos a proveerse de granos, Gn 41; 42; 43. En la travesía del desierto, los israelitas padecieron h., murmuraron de Moisés y de Aarón por esto, pero Yahvéh los alimentó con codornices y maná, episodio éste que se menciona constantemente en las Escrituras, Ex 16, 2-16; Dt 8, 3; Ne 9, 15. En tiempos de los jueces, también hubo h., Rt 1, 1. Cuando las guerras arameas, en tiempos de Eliseo, Ben Hadad, rey de Aram, puso sitio a Samaría, y hubo gran h., 2 R 6, 24-31. El h. también puede ser un castigo divino por la infidelidad y por el pecado, Dt 28, 47-48; 32, 24; en el reinado de David, el h. duró tres años, por causa de los gabaonitas que Saúl había matado, 2 S 21, 1-14; Israel sufrió una sequía, anunciada por Elías, y, por consiguiente, de h. por la idolatría de su rey Ajab, 1 R 17, 1; 18, 2. En el N. T., Jesús, por su naturaleza humana, sintió h., como tras el ayuno en el desierto, Mt 4, 2; Lc 4, 2; una mañana tuvo h., Mt 21, 18; Mc 11, 12. En las bienaventuranzas, se usa el término, junto con el de sed, en sentido figurado, “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”, Mt 5, 6; Lc 6, 21. Jesús dice que él es el verdadero pan que sacia el h., Jn 6, 35.
En tiempos del apóstol Pablo, el profeta Ágabo anunció una gran h., que sobrevino bajo Claudio, emperador romano, año 49-50.
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