Fuego
latín focus, hogar. Desarrollo simultáneo de calor y luz por la combustión de ciertos cuerpos, como la leña, la paja, el carbón. Se empleaba domésticamente para preparar los alimentos, Ex 12, 8- 9; 2 Cro 35, 13; Lc 24, 42; Jn 21, 9; como calefacción, Jr 36, 22; Mc 14, 54. Para cocer los ladrillos, Gn 11, 3; en la fundición y forja de metales, Ex 32, 24; Is 44, 12; 1 P 1, 7. Como purificación, para evitar las infecciones se echaban al f. las ropas del leproso, Lv 13, 52-57.
En la vida religiosa de los pueblos antiguos el fuego tuvo un papel preponderante, se empleaba en los sacrificios para quemar las víctimas.
Los cananeos pasaban por el f. víctimas humanas niños, en honor del dios Mólec, Lv 18, 21; 20, 2; Dt 12, 31; rito éste que fue introducido en Israel, a pesar de las prohibiciones de la Ley, 2 R 16, 3; 21, 6; 23,10; Is 30, 33; Jr 7, 31; 19, 5; 32, 35; Ez 16, 21. Desde los primeros tiempos bíblicos, pasando por los patriarcas, y como lo establece la Ley, el f. fue fundamental en los ritos de adoración a Dios, Gn 8, 20; Ex 29, 18 y 25; Lv 1, 9; Nm 28, 1. En el altar de los holocaustos, el f. debía permanecer encendido y alimentado diariamente con leña por el sacerdote, Lv 6, 5-6; igualmente debía estar prendida permanentemente la lámpara, que debía ser alimentada con aceite de oliva, Ex 27, 20-21; Lv 24, 1-4. El fuego es símbolo del poder y la grandeza de Dios, como sucedió en las teofanías, cuando Yahvéh se le presenta a Abraham, Gn 15, 17; a Moisés se le aparece en la zarza ardiente, Ex 3, 2; en el desierto, Yahvéh guió a su pueblo en la noche, en una columna de f., Ex 13, 21-22; 40, 38; Dt 1, 33; Sal 78 (77), 14; 105 (104), 39; Ne 9, 19; Sb 10, 17-18; 18, 3; Is 4, 5; cuando el pueblo de Israel estaba al pie del monte Sinaí, Yahvéh descendió a la montaña en el f., Ex 19, 18; Dt 5, 24; el día de Pentecostés, el Espíritu Santo se manifestó por medio de lenguas de fuego, Hch 2, 3.
Este f. de las teofanías es un rasgo que se mantiene en la apocalíptica judía y en la escatología cristiana, la segunda venida de Cristo, se dice en 2 Ts 1, 18, será “en medio de una llama de f.”. También, como castigo tras el juicio final, Mt 3, 10; 13, 40-42 y 49-50; 25, 41; Mc 9, 43-48; Lc 3, 9; 17, 28-30; Jn 15, 6; Ap 20, 9-10 y 14-15. Gaal, rechazo. Hijo de Obed, quien dirigió una revuelta de los de Siquem contra el rey Abimélek, quien no residía en esta ciudad y tenía allí como su lugarteniente a Zebul. El soberano sofocó la rebelión, y Zebul expulsó a G. y a los suyos de la ciudad de Siquem, Jc 9, 26-41.
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