Fariseos
griego pharisaios, hebreo perusîm, separados. Grupo religioso popular surgido en el siglo II a. C., en época de la rebelión macabea, como resistencia a las influencias helenizantes, al sincretismo, que amenazaban la religión de sus padres, por lo que su vida religiosa giraba alrededor de la meditación y el cumplimiento estricto de la Ley. Posiblemente, en sus inicios, formaron parte del grupo de los asideos, hasidim, devotos, del que se desprendieron. Los f. pretendían que todos los asuntos, políticos, públicos y privados estuvieran regidos por la Ley divina, y se opusieron a la política secular del rey Juan Hircano I, 134-104 a. C. Su apego a la Ley les valió el martirio en tiempos de Alejandro Janneo, 103-76 a. C. Aunque resurgieron bajo el reinado de Alejandra Salomé, 76-67 a. C. Los f. ejercieron una fuerte oposición a la aristocracia de los sacerdotes, los saduceos. Con éstos se diferenciaban en cuanto que los f. admitían la inmortalidad del alma y la resurrección, que eran negadas por los saduceos; afirmaban los f. la unicidad y trascendencia de Dios, la existencia de un mundo intermedio entre Dios y el hombre, la corte celestial de los ángeles y los espíritus malos. En cuanto a la Ley, desarrollaron la casuística, esto es, la aplicación de la misma a las cuestiones cotidianas, a aquellos casos no previstos en ella, por lo que para ellos tenía inmensa importancia la tradición oral, y desembocaron en la exageración y en el formalismo, por eso aluden a “la tradición de los antepasados”, Mt 15, 2; los saduceos, sus opositores, por el contrario, rechazaban toda tradición fuera de la Ley escrita y su preocupación principal era la política. Los f., que comenzaron como un grupo pequeño, lograron, por la enseñanza que ejercían de la Ley y la tradición, extenderse en toda Palestina y a los judíos de la diáspora, y esas tradiciones terminaron codificadas más adelante en la Misnah y el Talmud, escritos que contribuyeron para la preservación del judaísmo y aún tienen vigencia. A esto hay que agregar, que los escribas eran en su mayoría de origen fariseo. La destrucción del Templo en el año 70, trajo como consecuencia la desaparición de otras tendencias judías, pero los f. se mantuvieron hasta mucho tiempo después y quedaron prácticamente identificados con el judaísmo. La manera profunda como Cristo interpretaba la Ley y su trato con los pecadores produjeron la oposición de los f., que está documentada en los Evangelios. Los f. le cuestionaban a Jesús por qué comía con los pecadores. El Señor, entonces, les demostraba que para Dios vale más un corazón sincero, al rigorismo y formalismo de la Ley; recordándoles a los profetas, les decía: “Misericordia quiero, que no sacrificio”, Mt 9, 11-13. Algo similar sucedió con respecto a la obligación de guardar el sábado, cuando los discípulos de Jesús se pusieron a arrancar espigas, Mt 12, 1-8; igual, cuando Jesús curaba los enfermos en sábado, Mt 12, 9-14. Sobre los formalismos de las purificaciones y la abluciones también chocaron los f. con Jesús, quien les enrostraba su hipocresía al vivir pendientes de las apariencias externas, mientras sus corazones estaban llenos de maldad, Mt 15, 1-7; Lc 11, 37-54. En Mateo encontramos una fuerte reprimenda de Jesús contra los f., en la cual les dice a sus discípulos y a la gente que practiquen lo que enseñan los f., pero que no imiten su conducta, “porque dicen y no hacen”, Mt 23, 1-39. Sin embargo, muchos f. tuvieron buenas relaciones con Jesús y creyeron en él, como Nicodemo, Jn 3, 1-21; 7, 50-52; el apóstol Pablo era fariseo, discípulo de Gamaliel I, Hch 22, 3; 23, 6; 26, 5; Flp 3, 5. Este Gamaliel, maestro de Pablo, defendió a los apóstoles ante el Sanedrín, en Jerusalén, cuando se les prohibió predicar a Jesús, Hch 5, 34.
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