Esaú
o E., es el padre de los edomitas, parientes de los israelitas, los cuales desalojaron de Seír a sus habitantes primitivos, los joritas, y se establecieron allí; Seír, país al sur del mar Muerto, hoy sur de Israel y de Jordania; Gn 32, 4; 33, 14-16; 36; Dt 2, 12-22; Jos 24, 4. E. era una región de clima semidesértico, importante por encontrarse en la Ruta del Rey, que dominaba el comercio del desierto de Gaza, Egipto y Fenicia, entre Arabia y el mar Mediterráneo; además, contaba con grandes yacimientos de hierro y cobre, metales de los que carecía Palestina.
Los edomitas se regían por el sistema monárquico en Gn 36, 31-39 y 1 Cro 1, 43-50, antes de que esta región fuera gobernada por un rey de Israel. E. también fue gobernado por jeques Gn 36, 15-43; 1 Cro 1, 51-54.
Cuando el pueblo de Israel salió del cautiverio de Egipto en el éxodo, desde Cades, Moisés envió un mensaje al rey de E. para que dejara pasar por su territorio a los israelitas, pero esta petición fue negada y el soberano de E. amenazó con salirles al encuentro con armas, por lo que Israel debió dar un rodeo por el territorio de los edomitas para seguir hacia la Tierra Prometida, Nm 20, 14-21; 21, 4; Jc 11, 17-18. El rey Saúl guerreó contra E., 1 S 14, 47; lo mismo hizo el rey David, quien derrotó a los edomitas y puso en su territorio gobernadores, 2 S 8, 13-14; Sal 60 (59), 2; en esta campaña, Joab, jefe del ejército, ejecutó a todos los de E., pero Hadad, de la estirpe real edomita, huyó a Egipto, siendo joven, donde fue protegido por el faraón, y, muerto David, lo mismo que Joab, se rebeló contra el rey Salomón, quien sofocó la acción de Hadad, 1 R 11, 14-22. Cuando murió Ajab, rey de Israel, le sucedió su hijo Joram, y Mesa, rey de Moab y tributario de Israel, se rebeló, por lo que se aliaron los reinos de Israel, Judá y su vasallo E., contra Mesa, 2 R 3. En época de Joram, rey de Judá, sucesor de su padre Josafat, E., su tributario, se rebeló contra aquél, 2 R 8, 20-22; 2 Cro 21, 8-10. Amasías, rey de Judá, derrotó a E., en el valle de la Sal, mató a diez mil edomitas y los de Judá precipitaron desde una peña a otros diez mil; Amasías conquistó la ciudad de Sela, la misma Petra, y, tras esta victoria, introdujo en su reino los dioses edomitas, razón por la cual Dios lo castigó y fue vencido por Joás, rey de Israel, quien lo hizo prisionero en Bet Semes, 1 R 14, 7-14; 2 Cro 25, 5-24. En el reinado de Ajaz, rey de Judá, los edomitas vinieron, derrotaron a Judá y se llevaron muchos prisioneros; Ajaz había pedido ayuda a los reyes de Asiria, pues estaba asediado por los enemigos, según el Cronista, como castigo divino por la impiedad del soberano, 2 Cro 28 17-19.
Cuando los caldeos y su rey Nabucodonosor entraron en Jerusalén y la arrasaron junto con el Templo, en el año 587 a. C., los edomitas celebraron y se aliaron con los invasores contra la ciudad, Sal 137 (136), 7-9. Los profetas, en sus oráculos, piden a Yahvéh el juicio y la venganza contra el pueblo edomita por este hecho, Is 34; 63, 1; Jr 49, 17; Lm 4, 2122; Ez 25, 12-14; 35, 15; Jl 4, 19; Am 1, 9-12; Ab 10, 16; Ml 1, 4-5. Sin embargo, E. fue tierra de sabios, lo que se reconoce en las Escrituras, Jb 2, 11; Jr 49, 7; Ba 3, 22-23; Ab 8. A partir del siglo VII a. C., surgió un pueblo árabe, los nabateos, que en el siglo III a. C. conquistaron el territorio de E. y erigieron como capital del reino a la ciudad de Petra, antes llamada Sela, de la que se habla en Is 42, 11. En la época postexílica, el nombre de E. fue helenizado y se le llamó Idumea. Los de E., expulsados de sus tierras, tomaron el sur de Judá y esta región tomó este último nombre. En tiempos de los Macabeos, éstos pelearon contra los idumeos, 1 M 3, 41; 5, 3 y 65; 2 M 10, 15. En el año 125 a. C., Juan Hircano, sumo sacerdote macabeo, dominó el territorio de Idumea. En el año 106 d. C., fue convertida en provincia romana, llamada Arabia Petraea.
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