Elías
Yahvéh es Dios. Profeta del siglo IX a. C., oriundo de Tisbé, en la región de Galaad, en Transjordania, 1 R 17, 1. El ministerio profético de E. se inició bajo el soberano Ajab, rey de Israel, 874-853 a. C., quien obró mal delante de Yahvéh, pues tomó por mujer a Jezabel, hija de Itobaal, rey de los sidonios, quien le hizo caer en la idolatría a Baal, 1 R 16, 29-33. A causa de este pecado, E. le predijo a Ajab una sequía de tres años. Luego, por palabra de Yahvéh, E. debió marcharse hacia el oriente y esconderse en el torrente de Kerit, frente al río Jordán, donde los cuervos lo alimentaban, le llevaban pan en la mañana y carne en la tarde, y bebía del agua del torrente, hasta cuando ésta se agotó por la sequía, 1 R 17, 2-7. De nuevo Yahvéh le habló a E. y le hizo ir a Sarepta de Sidón, donde una viuda, que lo alimentaría, en cuya casa, milagrosamente, no faltó la harina ni el aceite, según le aseguró el profeta a la mujer, hasta cuando pasara la sequía, 1 R 17, 8-16. Estando E. en casa de la viuda, el hijo de ésta enfermó gravemente y murió, y el profeta milagrosamente lo resucitó, 1 R 17, 17-24. A los tres años, Yahvéh le ordenó a E. que se dejara ver del rey Ajab, y el profeta se encontró con Abdías, mayordomo de palacio y hombre temeroso de Yahvéh, a quien envió E. donde el rey para avisarle de su presencia, 1 R 18, 1-15. Cuando el rey Ajab y E. se encontraron, éste le pidió reunir, en el monte Carmelo, a los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal, llevados desde Tiro y mantenidos por Jezabel, la mujer del soberano, y a todos los israelitas, para llevar a cabo un juicio de Dios, 1 R 18, 16-19. Dispuesto lo necesario para el sacrificio, los novillos y la leña, los sacerdotes de Baal llevaron a cabo sus ritos, entre ellos, hacerse incisiones en sus cuerpos, e invocaron a su dios para que les mandara fuego que consumiera el holocausto, pero fue inútil.
Entonces E. preparó todo para el sacrificio invocó a Yahvéh y cayó fuego del cielo que devoró el holocausto, con lo que se demostró que Yahvéh es el único Dios. Tras esto, el profeta E. degolló a todos los profetas de Baal en el torrente de Quisón, después de lo cual cesó la sequía y sobrevino una gran lluvia, 1 R 18, 20-46. Jezabel, mujer del rey Ajab, al enterarse de la muerte de los profetas de Baal, amenazó a E., mediante un mensajero, por lo que el profeta huyó a Berseba, al desierto, donde se deseó la muerte. Habiéndose dormido E., un ángel de Yahvéh lo despertó y lo alimentó, tras lo cual el profeta caminó durante cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios, el Horeb, donde se concluyó la Alianza. E. se metió en la cueva, la misma “hendidura de la peña” donde estuvo Moisés cuando Yahvéh se le apareció, Ex 33, 22, y el Señor le habló enviándolo en dirección del desierto de Damasco, para ungir a Jazael como rey de Aram, a Jehú, rey de Israel, mandato éste que realizaría Eliseo, a quien E. debía consagrar como sucesor suyo. Yahvéh le dijo a E. que acabaría con los que se habían ido tras Baal y dejaría un resto de siete mil israelitas, que habían permanecido fieles, 1 R 19, 1-18. E. partió al encuentro con Eliseo, quien se encontraba arando, y le echó el manto encima. Eliseo ofreció el sacrificio de los bueyes con que araba, entregó la carne al pueblo para que comiera, siguió a E. y le servía, 1 R 19, 19, 21.
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