Éfeso
ciudad fundada por los griegos jonios, ca. siglo XI a. C., en la costa occidental de Asia Menor, en la desembocadura del río Caístro, punto estratégico para las rutas comerciales entre Oriente y Occidente.
En el siglo VII a. C. fue conquistada por los cimerios. En el siglo VI a.C., la tomó el rey lidio Creso, y al poco tiempo la ocupó el rey persa Ciro el Grande. Fue aliada de Esparta contra Atenas en la guerra del Peloponeso, 431-404 a. C. Esparta la entregó a los persas, que en época de Alejandro Magno fueron echados de allí, en el año 333 a. C. Muerto Alejandro, quedó en manos de los soberanos seléucidas, cuando la ciudad de É. tuvo su esplendor y se le llamó Arsinoeia. En el año 133 a. C., É. se convirtió en parte del Imperio romano y continuó su esplendor e importancia comercial. La ciudad de É. fue famosa en la antigüedad por el santuario en honor de la diosa Artemisa, que los romanos llamaban templo de Diana, objeto de peregrinaciones desde otras regiones de la época. Este monumento era el orgullo de los efesios, quienes se preciaban de que su ciudad fuera “la guardiana del templo de la gran Artemisa y de su estatua caída del cielo”, Hch 19, 35.
En el siglo I el apóstol Pablo fundó en É. una comunidad cristiana. San Pablo estuvo en É. en dos ocasiones. La primera visita del Apóstol a la ciudad fue breve y terminando su segundo viaje apostólico, cuando ya se dirigía a Jerusalén, Hch 18, 19-21. En la segunda, en su tercer viaje misionero, la estancia de Pablo en É. se prolongó por casi tres años, Hch 19, 20-31. En la sinagoga de É., donde había una colonia judía, el Apóstol predicó durante tres meses acerca del Reino de Dios, pero los incrédulos, que hablaban mal del Camino, hicieron que Pablo trasladara su predicación a la escuela de Tirano, Hch 19, 8-10. Su acción se extendió a las siete iglesias de É., a las que se dirige el apóstol Juan en Ap 1, 11; Ap 2, 1-7. Igualmente, por medio de sus colaboradores, el apostolado de San Pablo, desde É., dio como fruto la evangelización de Colosas, que fue confiada al colosense Epafras, quien llevó su misión hasta Laodicea y Hierápolis, Col 1, 7; 4, 12-13; igualmente, Timoteo y Erasto, enviados a Macedonia, Hch 19, 22; Gayo y Aristarco, Hch 19, 29; y Tito, 2 Co 12, 18. En É. Pablo llevó a cabo milagros extraordinarios, curó enfermos y poseídos de espíritus malos, ante lo cual muchos del lugar se convirtieron, Hch 19, 11-12. En É., había un grupo de artesanos que trabajaban en plata réplicas del templete de la diosa Artemisa, los cuales vendían a los peregrinos venidos al santuario. Los plateros vieron en la prédica del apóstol Pablo una amenaza a su lucrativo negocio, lo que originó una revuelta en su contra, liderada por Demetrio, y el Apóstol debió salir de É. rumbo a Macedonia, Hch 19, 21-40; 20, 1, habiendo dejado al frente de esta Iglesia a Timoteo, Tm 1, 3. Durante su permanencia en É., San Pablo escribió las epístolas primera a los Corintios, a los Gálatas, y, tal vez, la carta a los Filipenses.
Existe una tradición según la cual en la ciudad de É. murieron la Virgen María y el apóstol Juan. La importancia de É. en la historia del cristianismo se prolongó hasta el siglo VII, cuando fue invadida por los árabes. En el año 431, se reunió en esta ciudad el tercer concilio ecuménico de la Iglesia cristiana, convocado por Teodocio II, emperador de Oriente, y Valentiniano III, emperador de Occidente, para resolver el problema de la herejía de Nestorio, obispo de Costantinopla, según la cual María no era madre de Dios, pues separaba lo divino de lo humano en Cristo, y, por tanto, María era tenida por madre de Cristo en cuanto hombre. El nestorianismo fue condenado en este concilio, y María fue declarada “Madre de Dios”, en griego Theotokos, “portadora de Dios”. Las excavaciones en la ciudad de É. datan de 1863, y se han encontrado edificios públicos, comercios, casas, calles, un teatro, templos e iglesias, la biblioteca de Celso, así como obras escultóricas de los griegos Fidias y Policleto. Efes Dammim, sitio donde acamparon las tropas filisteas, entre Soko y Azeca, cuando David venció al gigante Goliat, 1 S 17, 1; en 1 Cro 11, 13, este lugar se denomina Pas Dammim.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.