Duelo
latín dolium, dolor, aflicción. Los orientales son dados a las grandes demostraciones públicas de d. por los acontecimientos dolorosos, la muerte de un allegado, una situación catastrófica. Por lo general, el duelo por la muerte de un ser querido se manifestaba desgarrando las vestiduras, Gn 37, 29; 2 S 1, 11; 13, 31; Esd 9, 3. Cambiando las ropas corrientes, las galas, por vestidos de luto, Ex 33, 4; 2 S 14, 2; Is 61, 3; Ba 5, 1; Jl 1, 8/10/13; el sayal, el saco, se usaban telas burdas, Dn 9, 3; Mt 11, 21. Otra manera de manifestar el duelo consistía en llevar la cabeza cubierta y los pies descalzos, 2 S 15, 30; Is 20, 2; Ez 24, 17. Se rapaba el pelo, Jb 1, 20; Is 22, 12; Jr 16, 6; 48, 37; Am 8, 10; se arrancaban los pelos de la cabeza y de la barba, Esd 9, 3. Se cubría la barba Ez 24, 17.
Se esparcía polvo o ceniza en la cabeza Jos 7, 6; 1 M 3, 47. Se arañaban las carnes, Jr 16, 6; 41, 5; esta costumbre fúnebre estaba prohibida por la Ley, pero se practicaba en Israel, por influencia de los pueblos paganos vecinos, Lv 19, 27-28; Dt 14, 1. Se lanzaban gemidos, gritos, lamentos, 1 R 13, 30; se contrataban plañideras, Jr 9, 16; se entonaban elegías, endechas, como la de David por la muerte del rey Saúl y de su hijo Jonatán, 2 S 1, 19-27. Durante el d. se ayunaba, 1 S 31, 13; 2 S 1, 12. A los sumos sacerdotes les estaban prohibidas estas manifestaciones externas de d., Lv 10, 6; 21, 10.
Los duelos duraban varios días. Tras la muerte de Jacob en Egipto, se hizo un gran duelo de setenta días, Gn 50, 3; y José lloró a su padre, por espacio de siete días, después de darle sepultura, Gn 50, 10. Los israelitas lloraron la muerte de Aarón durante treinta días, Nm 20, 29; igual tiempo duró el d. de Israel por la muerte de Moisés, Dt 34, 8. Los habitantes de Yabés de Galaad, a quienes Saúl había salvado, enterraron al rey y el duelo se prolongó por siete días, 1 S 31, 13; Israel lloró durante siete días la muerte de Judit, Jdt 16, 24; esta mujer, asimismo, había hecho d. durante toda su viudez, por la muerte de su marido, Jdt 8, 4-6. En Si 22, 12, se lee: “El duelo por un muerto dura siete días, por el necio y el impío, todos los días de su vida”.
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