Diluvio
existen varias narraciones de Babilonia sobre diluvios, muy similares a la bíblica, seguramente inspiradas en las inundaciones causadas por los dos grandes ríos de esta región, el Tigris y el Éufrates.
Estas narraciones fueron llevadas a la exageración y terminaron por crear una tradición según la cual se produjo una catástrofe de dimensiones universales. De acuerdo con el texto sagrado, en vista de que la maldad se había apoderado del corazón del hombre, a Yahvéh le pesó haberlo creado y decidió borrarlo de la tierra, para lo cual mandó el d. universal como castigo, Gn 6-8. Únicamente el patriarca Noé, que era justo y halló gracia a los ojos de Yahvéh, se salvó de aquella inundación, que duró cuarenta días. Igualmente sobrevivieron, junto con el patriarca Noé, su mujer, sus hijos Sem, Cam y Jafet y sus esposas, y los animales que Yahvéh le había mandado llevar en el arca, a fin de conservar las distintas especies, Gn 7 y 8. Dios, entonces, estableció una alianza con Noé, y el Señor dijo que ya no habría más aguas diluviales para exterminar toda carne, cuya señal fue el arco iris, Gn 9. En este episodio, el autor sagrado nos da una lección sobre la justicia divina, la maldad del hombre y la salvación que espera al justo por su fe, como dice el apóstol Pablo en Hb 11, 7. En el N. T., la salvación de Noé de las aguas del diluvio es figura de la salvación del hombre por las aguas bautismales, según lo expresa el apóstol Pedro en su epístola, 1 P 3, 20-21.
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