Diaconisa
griego diakonos, latín diaconissa, servidora. En la Iglesia primitiva existían mujeres que ejercían el diaconado, como se puede deducir del texto de San Pablo, cuando habla de las cualidades que debe tener quienes se dedican al diaconado, y dice que “Las mujeres igualmente deben ser dignas, no calumniadoras, sobrias, fieles en todo”, 1 Tm 3, 11. En la Iglesia primitiva sólo se conoce una d. con nombre propio, Febe, de la Iglesia de Cencreas, a quien recomienda el apóstol Pablo a los fieles romanos, por ser protectora de muchos hermanos, incluso del Apóstol, Rm 16, 1.
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