Día
latín dies. Tiempo que la tierra emplea en dar la vuelta alrededor de su eje. En las culturas antiguas el d. se entendía de diferentes maneras, en Babilonia se consideraba que el d. comenzaba con la salida del sol, mientras que para los atenienses y los judíos el d. se iniciaba con la puesta del Sol, con el ocaso. Como el calendario sagrado de los israelitas era lunar, para las fiestas religiosas se consideraba el ocaso como el comienzo del d., por eso para la celebración de la Pascua y de los ázimos, se dice que el cordero se inmolará “entre dos luces”, esto es, entre las dos tardes, y los ázimos se comerán “desde la tarde del día catorce del mes hasta la tarde del día vintiuno”, Ex 12, 6 y 18; Lv 23, 5; igual se dice del día de la Expiación, “El d. nueve del mes, por la tarde, de tarde a tarde, guardaréis descanso”, Lv 23, 32.
Corrientemente como hoy, se llamaba d. al lapso de luz natural entre el amanecer y la puesta del sol, para distinguirlo de la noche, como se expresa en Gn 1, 5, “y llamó Dios a la luz día y a la oscuridad la llamó noche”; así como también hizo los dos grandes lumbreras, el sol y la luna, para el dominio del día y de la noche, Gn 1, 14-18; 8, 22; Sal 136 (135), 7-8. Yahvéh marchaba delante del pueblo por el desierto y lo guiaba de día, en columna de nube, y de noche en columna de fuego, Ex 13, 21-22; 40, 38. En este mismo sentido, d., como luz, se lee en Is 27, 3, en contraste con la oscuridad de la noche. Igualmente en Mc 5, 5; Lc 18, 7; Jn 11, 9-10; 1 Tm 5, 5. Por esto, figuradamente, los fieles cristianos, que siguen a Cristo, “luz del mundo”, según Jn 8, 12, son llamados por el apóstol Pablo como “hijos de la luz e hijos del d.”, en contraposición a los hijos de la noche o de las tinieblas, 1 Ts 5, 5-8; el cristiano debe proceder en su vida decorosamente, como a plena luz, es decir, a pleno d., Rm 13, 12-13.
En las Escrituras es común la expresión “D. de Yahvéh”, sobre todo en los escritos proféticos, para significar el d. del castigo para el pueblo israelita por su infidelidad a Yahvéh y su empecinamiento en el pecado, d. en que manifestará Dios todo su poder, su ira, su cólera, d. de la visitación, So 1; día de la Ira, como se dice en Is 2, 6-21; Jr 30, 5-7; Ez 22, 24; Lm 2, 22; Jl 1, 15; Am 2, 16; 5, 18-20; 8, 9-10 y 13; para los enemigos de Dios, los opresores del pueblo de Israel, contra Babilonia, Is 13, 6-9; Jr 50, 27; 51, 2; contra Egipto, Is 19, 16; Jr 46, 10 y 21; Ez 30, 1-3; contra Filistea, Tiro y Sidón, Jr 47, 4; contra Edom, Is 34, 8-10; 63, 4; Ab 1, 8-16; d. cuando Israel será restaurado, Is 11, 11; 12, 1; 30, 26; Am 9, 11.
En el N. T. el d. del Señor será en la segunda venida de Jesucristo, como él mismo lo dice en Lc 17, 24; cuando Jesucristo se manifieste, Hch 2, 17-21; Flp 1, 6.
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