Deporte
ejercicio físico practicado en forma individual o colectiva, para superar una marca, vencer a un rival o por simple esparcimiento, sujeto a unas reglas. Los israelitas no tenían el d. como se le define arriba, el ejercicio físico se practicaba con fines guerreros, militares, como en muchos otros pueblos del antiguo Oriente; es decir, no tenían juegos o competencias ni la gimnasia para perfeccionar el cuerpo. En las ciudades de la antigua Grecia sí eran comunes los gimnasios, sitios donde se practicaban los ejercicios físicos con el cuerpo desnudo, a fin de mantener la forma física, como entrenamiento militar así como para preparar a los atletas que participaban en las competencias. Para los griegos, la gimnasia era parte importante de la educación de los niños y consideraban que el ejercicio físico ayudaba a encontrar la unidad entre el cuerpo y la mente.
Por otra parte los griegos contaban con juegos organizados y públicos, en los que se exaltaba el ideal de la belleza física, los olímpicos, los píticos, los nemeos y lo ístmicos, en los cuales la competencia más importante era la atlética. Los romanos también practicaban la gimnasia con ejercicios diseñados para la preparación militar. Cuando lo monarcas seléucidas llegaron a territorio israelita llevaron y quisieron imponer la cultura helénica y, por tanto, la gimnasia, las efebías y los juegos. Cuando el rey Antíoco IV Epífanes, Jasón, quien usurpó el pontificado valiéndose de su tendencia helenista, y quien en verdad se llamaba Jesús, se comprometió con el rey seléucida a pagar ciento cincuenta talentos de plata para que le permitiera instalar, en Jerusalén, un gimnasio al lado del santuario, e indujo a los jóvenes “a educarse bajo el petaso”; petaso era un sombrero de alas anchas, que llevaban los gimnastas, como el de Hermes, dios de la lucha y de las competiciones deportivas; muchos judíos helenófilos, como la gimnasia se practicaba con el cuerpo desnudo, rehicieron sus prepucios, 1 M 1, 11-15; 2 M 4, 7-20.
En el N. T. se mencionan los ejercicios físicos y las actividades deportivas de manera figurada. El apóstol Pablo emplea a menudo términos deportivos cuando dice que si el atleta, para las carreras en el estadio, se priva de muchas cosas para obtener una corona de laurel corruptible, cuanto más el cristiano debe esforzarse y abstenerse de muchas cosas, pues la corona a que aspira es incorruptible, su meta y su premio es el cielo; de igual manera debe ejercer el pugilato con su propio cuerpo para alcanzar el galardón celestial, 1 Co 9, 24-27; Ga 5, 7; Flp 3, 13-14; 2 Tm 4, 7-8; Hb 12, 1. En 1 P 5, 4, también se habla de la corona incorruptible, el cielo, así como en St 1, 12.
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