Colosenses
epístola a los, carta que el apóstol Pablo escribió estando cautivo en Roma, Col 4, 3; entre los años 55 y 63, con destino a los fieles de la Iglesia de Colosas, en Frigia, en el Asia Menor, comunidad ésta que estaba al cuidado de ® Epafras, Col 1, 7; 4, 12; y que no había sido evangelizada por el Apóstol. Epafras le lleva noticias a Pablo sobre errores que han tomado fuerza entre los fieles colosenses, y el Apóstol, supuestamente, escribe su epístola y la envía con Tíquico, Col 4, 7. Se duda de la autenticidad paulina del escrito, lo mismo que la carta a los Efesios, pues se refiere a doctrinas gnósticas, que aparecieron en el siglo II. Sin embargo, como objeción a la anterior duda, en la época de Pablo ya estas ideas circulaban entre los judíos ® esenios, esto es que las potencias celestes dirigían el cosmos, con lo que comprometía la supremacía de Jesucristo, a quien, según el Apóstol, le fueron sometidas todos los principados, las potestades y las potencias cósmicas desde el principio, pues es el Hijo del Padre, es decir, Cristo es el principio de todo y todo le está sometido. Por tanto él es la cabeza del cuerpo, que es la Iglesia, de donde les viene la vida a los cristianos, ya que por el bautismo fueron circuncidados en Cristo y no por mano del hombre; bautismo por el que fueron sepultados y resucitados, como Cristo, por la fe. San Pablo, pues, en su carta a los Colosenses, previene a los fieles sobre las vanas doctrinas fundadas en tradiciones humanas y no en Cristo. En la epístola hay que destacar, por tanto, los pasajes referentes a la Iglesia como cuerpo, 1, 15-20; así como al bautismo, 2, 12-15.
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