Ciudad
latín civitas. Centro poblacional organizado como comunidad.
Las ciudades comenzaron a formarse en el neolítico cuando los nómadas, recolectores y cazadores, evolucionaron hacia la agricultura y se volvieron sedentarios, organizándose dentro de zonas amuralladas donde levantaban sus viviendas o en lugares que contaran con defensas naturales. El sedentarismo posibilitó la división del trabajo, el surgimiento de diferentes oficios, el desarrollo del comercio y de la industria, de las ciencias y el arte.
En Palestina las primeras ciudades surgen en la Edad de Bronce eran pequeñas, según los estudios arqueológicos, con poblaciones, las más altas, que escasamente llegaban a los 3.000 habitantes. Las ciudades contaban con murallas, 1 R, 4, 13; 2 R 18, 13, alrededor de las cuales estaban las aldeas, Nm 21, 15; 32, 41; Jos 13, 32; 15, 32; 1 S 6, 18; Ne 11, 25-30; Mt 9, 35; Mc 5, 14; Lc 9, 12; cuyos pobladores se refugiaban en los centros urbanos en caso de peligro. Las puertas de las ciudades eran los sitios donde se comerciaba, se proclamaban las leyes, se juzgaba y se cumplían las penas, Dt 17, 5; 21, 19; Jr 17, 19. Estas puertas se cerraban en la noche, Jos 2, 5; y había guardia, centinelas, que cuidaba las ciudades, Jdt 13, 11; Sal 127 (126), 1; Jr 51, 12. El profeta se queja de la perversidad de las ciudades israelitas, Ez 9, 9; 24, 6 y 9.
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