Circuncisión
rito de muchos pueblos primitivos, que consistía en ablación del prepucio, el cual tenía un sentido iniciático y que suponía la madurez del muchacho a la vida sexual y social. Para los judíos tiene el valor religioso y simbólico de pertenencia al pueblo de Dios. Las evidencias más antiguas, que se conocen hasta ahora, de esta práctica son de Egipto; los pueblos de Ammón, Edom y Moab también circuncidaban a sus varones, Jr 9, 25. Los fenicios, los filisteos, los elamitas y los asirios no practicaban este rito, Jc 14, 3; 15, 18; 1 S 14, 6; 31, 4; 2 S 1, 20; 1 Cro 10, 4; 1 M 1, 48; Ez 32, 24-25.
Cuando Yahvéh le hace la promesa a Abraham y sella con él la alianza le impone la obligación de la perfección, el cumplimiento de sus preceptos y de una norma positiva, la c. de todo varón, que ya no será rito de iniciación a la vida sexual, como en los pueblos paganos, sino señal que recordará a Dios su pacto y al ser humano su pertenencia al pueblo escogido y las obligaciones que implica Gn 17, 10-11. Todo varón debía ser circuncidado a lo ocho días de nacido, como también los comprados que no fueran de la raza de Israel, la transgresión de esta norma acarreaba el ser borrado del pueblo elegido, Gn 17, 12-14; Lv 12, 3; en la ley sobre la Pascua se dice que el esclavo comprado y el extranjero podrán comerla siempre y cuando estén circuncidados, Ex 12, 44 y 48; Nm 9, 14. Abraham, entonces, para cumplir con este mandato se circuncidó a los noventa y nueve años de edad, lo mismo hizo con todos los de su casa, con su hijo Ismael, quien contaba con trece años, lo mismo que con los nacidos en su casa y los comprados a extraños, Gn 17, 23-27. La c. no se practicó en la travesía por el desierto, es decir, los que salieron de Egipto estaban circuncidados, pero habían muerto al cabo de cuarenta años, y los nacidos por el camino no lo habían sido, por lo que Josué los circuncidó en el Collado de los Prepucios, y aquel lugar se llamó, desde entonces, Guilgal, Jos 5, 2-9.
La c. era señal de pertenencia al pueblo escogido, pero, por sí misma, no era más que un rito formal si no penetraba el corazón del hombre, es decir, si no se circuncidaba el hombre por dentro, mediante el cumplimiento de los preceptos de Yahvéh, Dt 10, 12-22; Sal 103, 17, 18; Jr 4, 4; 9, 25. Sobre este tópico se vuelve en el N. T., cuando se discute sobre la utilidad de c., ya en tiempos de San Pablo, y el Apóstol dice que la c. de la carne de nada sirve sin la interior, la del corazón, la c. es según el espíritu y no según la letra, Rm 2, 25-29; 1 Co 7, 17-19; Ga 5, 6; 6, 15.
De donde la señal de la Nueva Alianza es el bautismo, que es la c. en Cristo, c. espiritual que no es por mano de hombre, sino mediante el despojo del cuerpo mortal, Col 2, 10-13; por esto Pablo pide cuidarse de los falsos circuncisos, pues los verdaderos son los que dan culto según el Espíritu de Dios, Flp 3, 3.
Juan Bautista fue circuncidado a los ocho días de nacido como prescribía la ley, y recibió su nombre, Lc 1, 59; igual sucedió con Jesús, Lc 2, 21.
En sentido figurado se habla de árboles cuyo fruto es incircunciso, que no se puede comer porque no han cumplido tres años de plantados, es decir, se trata de árboles que no han llegado a su madurez, impuros, Lv 19, 23; el profeta habla de oídos incircuncisos, es decir, los de aquellos que no han extirpado el prepucio del corazón, Jr 4, 4, que no se han convertido a Dios, Jr 6, 10.
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