Cerdo
uno de los nombres del puerco, latín porcus. Mamífero paquidermo, doméstico, artiodáctilo, de los suidos, cabeza gruesa, jeta acilindrada con hocico en forma de disco donde están las narices, caninos grandes que sobresalen, orejas caídas, cuerpo grueso, patas cortas, cola corta y delgada. Domesticado desde el paleolítico, se ha empleado como alimento y como animal ritual en sacrificios como lo hacían los griegos y otros pueblos paganos. Estas prácticas las condena La Escritura, y se castigaban duramente, pues el c. es inmundo Lv 11, 7; Dt 14, 8; Is 65, 4; 66, 3 y 17. Antíoco IV Epífanes, queriendo unificar su imperio, derogó el reconocimiento que de la Ley de Moisés había hecho Antíoco III, su padre, en el 198, e impuso los cultos paganos a los judíos, bajo amenaza de muerte, entre ellos sacrificar puercos en el templo y comer su carne 1 M 1, 45-51. Tal sucedió con Eleazar, escriba, quien sufrió el suplicio del apaleamiento por negarse a comer carne de puerco 2 M 6, 18 ss; igual en el martirio de los siete hermanos macabeos y su madre 2 M 7. En la Escritura, el c. es figura de lo sucio 2 P 2, 22, de lo bajo, de lo miserable Lc 15, 15, del mal gusto Pr 11, 22, todo lo contrario de lo sagrado Mt 7, 6. En el episodio evangélico de los endemoniados de Gadara, los espíritus inmundos se fueron a los puercos y se precipitaron al mar y murieron en el agua Mt 8, 30-32; Marcos habla del endemoniado de Gerasa 5, 1-20, como también Lucas en 8, 26-39.
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