Candelabro
hebreo, menoráh. Portalámparas de oro macizo, compuesto de una base y un tallo del que salían tres brazos de cada lado, todo en un solo cuerpo, en el cual se colocaban siete lámparas, el cual mandó Yahvéh que se hiciera para alumbrar perpetuamente la Tienda del Encuentro; cada uno de los siete brazos tenía tres cálices en forma de flor de almendro, con corola y flor, Ex 25, 31-40; 37, 17-24. Estaba colocado fuera del velo, enfrente de la mesa, en el lado meridional de la Morada, Ex 26, 35. El c. se alimentaba con aceite puro de oliva, que debían proporcionar los israelitas, para que la llama ardiera por siempre, Ex 27, 20-21; Lv 24, 3-4. En el templo de Salomón, había varios candelabros, según había dicho David, 1 Cro 28, 15; diez candelabros delante del santuario, cinco a la derecha y cinco a la izquierda, según 1 R 7, 49; 2 Cro 4, 7 y 20. Cuando Nabucodonosor II, rey de Babilonia, destruyó Jerusalén, sus tropas se llevaron todos los objetos de oro del Templo, entre ellos, los candelabros, 2 R 25, 11; 2 Cro 36, 18; Jr 52, 19. Después del exilio en Babilonia, en la época de los reyes seléucidas, Antíoco IV Epífanes entró en el santuario, reconstruido por Zorobabel, y robó el c. 1 M 1, 21. Tras las primeras victorias sobre los seléucidas, Judas Macabeo hizo otro c., para celebrar el día de la purificación y dedicación del Templo 1 M 4, 49-50. El c. de Judas fue sustituido por otro en el templo de Herodes; éste fue el que se llevaron los romanos como parte del botín cuando arrasaron a Jerusalén, año 70, el cual se reprodujo en el arco del triunfo de Tito. El profeta Zacarías, en su quinta visión, ve un c. con siete lámparas. El ángel le dice que son los ojos de Yahvéh, símbolismo de la omniciencia divina, Za 4, 1-10.
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