Cabello
latín capillus. Nombre de los pelos de la cabeza. Entre los pueblos gentiles era costumbre raparse los cabellos de la cabeza, cortárselos de diferente forma, hacerse tonsuras, etc.; José se afeitó cuando estaba en Egipto, según se usaba en este país, Gn 41, 14; como se constata en Jr 9, 25; 25, 23; 49, 32. Estas prácticas paganas se llevaban a cabo como señal de duelo, de dolor, Is 15, 2; en ceremonias idolátricas, Ba 6, 30. Estos ritos, por ser de origen pagano, son prohibidos en la Escritura, Lv 19, 27; 21, 5; Dt 14, 1. Sin embargo, en Israel, por influencia de los pueblos vecinos, eran comunes estos usos, a pesar de la prohibición, y raparse o arrancarse los pelos también era señal de penitencia, Jb 1, 20; Esd 9, 3; Is 3, 24; 22, 12; Jr 7, 29; 16, 6; 41, 5; 47, 5; 48, 37; Ez 7, 18; 27, 31; Am 8, 10; Mi 1, 16.
Era corriente que tanto hombres como mujeres llevaran el c. largo como Absalón, hijo del rey David, cuyo c. era tan abundante que se lo cortaba cada año y pesaba doscientos siclos, 2 S 14, 26; esta cabellera de Absalón se le enredó en una encina, tras la batalla con el ejército de David, y fue muerto, 2 S 18, 9-15. Del c. largo en ambos sexos también se habla en Ct 5, 11; Ct 7, 6; el c. se cuidaba con aceite, se perfumaba y se adornaba con cintas, diademas, 2 R 9, 30; Jdt 10, 3; Mt 6, 17; para estos menesteres, desde muy antiguo, se usaban los espejos elaborados en bronce pulido, Ex 38, 8; Jb 37, 18; Is 3, 21. Isaías menciona el uso de la peluca de las mujeres de Jerusalén, Is 3, 24. Los levitas, en su consagración, debían rasurarse todo el cuerpo para purificarse, Nm 8, 7. Aunque dejar crecer el cabello en forma desordenada era señal de algún voto Nm 6, 5; o de duelo 2 S 19, 25; Ez 24 17, 18; a los sacerdotes les estaba prohibido, debían llevar el c. decorosamente, pues sobre el había sido derramado el óleo santo, Lv 10, 6; 21, 10; Ez 44, 20. Al que padecía de lepra se le obligaba a llevar la cabellera desgreñada, como una de las señales de padecer de dicha enfermedad y alertar a los demás, pues se consideraba contagiosa, Lv 13, 45. Dentro de los ritos de purificación del leproso se le manda a éste raparse todo el pelo del cuerpo, Lv 14, 8-9. Las mujeres cautivas en la guerra y que se casaran con un israelita debían raparse los cabellos Dt 21, 12. El que hacía voto de nazireo, esto es, consagrado a Yahvéh, no podía cortarse el c. durante el tiempo de su voto; una vez cumplido, el nazireo debía cortarse el c. y quemarlo, Nm 6, 5 y 18. Sansón fue consagrado a Dios, nazireo, desde el seno materno hasta su muerte y no debía cortarse el c. Jc 13, 5; 16, 17; precisamente en el c. residía la fuerza de Sansón, la cual perdió al cortárselo Dalila, quien lo traicionó, Jc 16, 19.
En la época apostólica por influencia de la cultura helénica, era unaafrenta para el hombre la cabellera larga, así como para la mujer rapársela, y San Pablo, además, da normas sobre cómo deben presentarse a las asambleas, las mujeres con la cabeza cubierta y los hombres descubiertos, 1 Co 11, 1-15.
También se pide a las mujeres el decoro y el pudor en el adorno y en el peinado, 1 Tm 2, 9; 1 P 3, 3.
Las canas del anciano merecen respeto Lv 19, 32; Sb 2, 10; son símbolo de la experiencia M 6, 23; de la prudencia Sb 4, 9; del buen juicio Si 25, 4; son corona de gloria Pr 16, 31; el honor del anciano Pr 20, 29. Con esta imagen del anciano de c. blanco se representa a Dios, Dn 7, 9; Ap 1, 14. ® Pelo.
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