Bienaventuranza
prosperidad y felicidad. Visión beatífica de Dios en el cielo. En los libros sapienciales y en los Salmos, abundan las expresiones para significar que la b., la felicidad o la dicha, proviene de practicar la justicia Sal 106 (105), 3; Pr 20, 7; de guardar los preceptos de Yahvéh Sal 119 (118), 1-3; Is 56, 2; de guardar y cumplir la ley Pr 29, 18; del temor a Yahvéh Sal 112 (111), 1; 128 (127), 1; Si 34, 15. Bienaventurado, dichoso, el que sigue los caminos de la Sabiduría Pr 8, 32; Si 14, 20-21; 37, 24; quien encuentra la prudencia 25, 9; quien se acoge, espera en Yahvéh y en él pone su confianza Sal 2, 12; 34 (33), 9; 40 (39) 5; 84 (83), 13; Pr 16, 20; Is 30, 18; el de corazón puro, en quien no hay fraude alguno, Sal 32 (31), 2; Si 14, 1-2; el que se compadece del pobre y del débil Sal 41 (40), 2; Pr 14, 21.
En el Sermón de la Montaña están las bienaventuranzas por excelencia, y que resumen el mensaje de Cristo. En Mt 5, 3-20, las bienaventuranzas son ocho, y la felicidad prometida, el Reino de los Cielos, está garantizada en la palabra de Cristo, y la conseguirán quienes practiquen en sus vidas las exigencias que se hacen en la primera parte de cada b. En Lc 6, 20-26, las bienaventuranzas son cuatro y cuatro maldiciones.
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