Betel
casa de Dios. Ciudad al norte de Jerusalén y al sur de Silo. Allí, posiblemente, hubo un santuario cananeo. En B., como se denomina el sitio por primera vez en la Escritura, Abraham edificó un altar e invocó el nombre de Yahvéh, tras salir de su patria, como se lo mandó el Señor, Gn 12, 8; 13, 3. Esta ciudad se llamó primero Luz, pero Jacob, a raíz del sueño de la escalera le dio al lugar el nombre de B., Gn 28, 10-19; 31, 13; allí Dios le cambió el nombre a Jacob por el de Israel y le renovó la promesa hecha a Abraham, 35, 1-16. Este sitio se convirtió entonces en punto de peregrinación, como se dice en 1 S 10, 3. En B. hubo una hermandad de profetas con la que Eliseo tenía relaciones, 2 R 2, 1-3. Hacia B. subía Eliseo y le sucedió lo de la burla de unos niños, a los cuales maldijo en nombre de Yahvéh, de los cuales fueron destrozados cuarenta y dos por dos osos del bosque, 2 R 2, 23-25.
En tiempos de los jueces el Arca estuvo en B. Jc 20, 18-28, y después fue colocada en Siló.
Débora la profetiza que era juez en Israel, se sentaba bajo una palmera, entre Ramá y B., en la montaña de Efraím, y a ella acudían en busca de justicia Jc 4, 4-5. Samuel, quien vivía en Ramá, todos los años pasaba por B., para resolver los problemas de sus habitantes, 1 S 7, 16.
Habiéndose dividido el reino Jeroboam, primer rey de Israel, creó el cisma religioso, “el pecado de Jeroboam”, hizo dos becerros de oro, uno de los cuales instaló en B., el otro en Dan, para que el pueblo israelita no fuera a adorar a Dios en Jerusalén, 1 R 12, 26-33. Esto le acarreó al rey la ira divina 1 R 13, 1-34. Am 7, 13. Los profetas Amós y Oseas denunciaron el pecado de Jeroboam y le vaticinaron su fin; Amós fue expulsado de B. por Amasías, sacerdote del santuario, Os 6, 10-11; 10, 15; 12, 5; Am 3, 14; 4, 4; 5, 5-6; 7, 10-13; en Tb 2, 6, encontramos una referencia a los oráculos de Amós contra B. El rey Jehú, 841- 814 a. C., erradicó de Israel a Baal, “pero no se retractó de los pecados de Jeroboam... los becerros de oro de B. y de Dan” 2 R 10, 28-29. En el año 721 a. C., los asirios tomaron Samaría, los israelitas fueron deportados y su lugar fue ocupado por extranjeros, y el rey asirio ordenó que uno de los sacerdotes en el exilio fuera a Samaría a enseñarles a los nuevos habitantes “las reglas del dios de la tierra”; dicho sacerdote se estableció en B. 2 R 17, 27-28. El rey Josías, 640-609 a. C., tras encontrar el rollo de la Ley, cuando restauraban el templo, inició la reforma religiosa, que incluyó la erradicación de los cultos extranjeros. Los objetos en honor de Baal y Astarté fueron quemados y las cenizas llevadas a B. 2 R 23, 4; derribó el altar y el altozano de B., obra de Jeroboam, 2 R 23, 15-20. Algunos de los que volvieron del cautiverio en Babilonia habitaron en B.
Esd 2 28; Ne 7, 32.
El oráculo del profeta Jeremías contra Moab dice que éste se avergonzará como la casa de Israel de B., Jr 48, 13.
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