Bendición
latín bene, bien, y discere, decir; traducción del hebreo berakâh.
La primera bendición proviene de Dios cuando creó los animales y el hombre, Gn 1, 22-28; 5, 2. Tras el diluvio, Dios hizo alianza con Noé y le bendijo a él y a sus hijos Gn 9, 1. En época de los patriarcas, la b. es la doble promesa hecha por Yahvéh a Abraham de la descendencia y el don de la tierra Gn 12, 1-3; 15, 18; b. ésta que une el Antiguo y Nuevo Testamento, puesto que la descendencia prometida no es la de la carne sino la del espíritu, y se cumple plenamente en Cristo, Hch 3, 25; Ga 3, 14; Ef 1, 3; 1 P 3, 9. En el Deuteronomio, después que Moisés colocó las tablas de la ley en el Arca de la Alianza, Yahvéh dice al pueblo que pone ante él b. y maldición, lo que dependerá de la observancia de los mandamientos y preceptos del Señor, Dt 11, 26-28; 30, 1-4; Jos 8, 34.
Yahvéh le dio a Moisés la fórmula para que Aarón bendijera a los israelitas, en la cual se invoca tres veces el nombre divino, Nm 6, 22-27. Yahvéh apartó a los de la tribu de Leví, para dar la bendición en su nombre, Dt 10, 8; 21, 5.
Los padres bendicen a los hijos. Isaac bendice a Jacob en vez de Esaú, que había renunciado a su primogenitura, que lo constituía en heredero de la promesa mesiánica, Gn 27, 1-45; Si 44, 23; Hb 12, 16-17. Cuando Jacob partió para Padán Aram, Isaac le dice que El Sadday le dé la b. de Abraham Gn 28, 33-4. Jacob adopta y bendice a los hijos de José Gn 48; luego llama a sus hijos y los bendice antes de morir Gn 49, 1-28. Salomón da la b. a su hijo Absalón 2 S 13, 25. Honrar a los padres hace que nos llegue su b. Si 3, 8-9.
Los reyes bendicen a sus súbditos 2 S 6 18; 1 R 8, 14. Los sacerdotes al pueblo Lv 9, 22; Nm 6, 23-27; 1 S 2, 20.
La bendición del hombre a Dios es una alabanza adoración al ser supremo, Jc 5, 2 y 9; 1 Cro 29, 20; Ne 9, 5; Tb 8, 15; 12, 6 y 16-21; 13, 6; Sal 16 (15), 7; 66 (65), 8; 96 (95), 2; 100 (99), 4; 103 (102), 20-22; 115 (113 B), 18; 134 (133); 135 (134), 19-21; 145 (144), 21; Si 39, 14 y 35; 50, 22; Dn 3, 51-90; Mt 11, 25; Lc 1, 64 y 68; 10, 21.
Jesús manda bendecir a quienes nos maldigan Lc 6, 28; Rm 12, 14.
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