Becerro de oro
cuando Moisés subió al monte Sinaí, para recibir las tablas de la Ley, debido a la demora de éste, le pidieron a Aarón que les hiciera un dios que los guiase. Aarón recogió los objetos de oro del pueblo e hizo fundir un becerro al que se le erigió un altar y se le ofrecieron sacrificios, de los cuales comió el pueblo Ex 32, 1-6, lo que desató la ira de Yahvéh Ex 32, 7-10. Moisés, una vez bajó del Sinaí, rompió las tablas de la ley, echó al fuego el becerro de oro, lo molió y lo esparció en el agua e hizo beber de ella a los israelitas Ex 32, 19-20; Dt 9, 15-21. Moisés, entonces, ordenó a los hijos de Leví que matara cada uno a su hermano, su amigo o su pariente; así, cayeron unos tres mil hombres, Ex 32, 25-28, y Yahvéh castigó a los israelitas Ex 32, 35. Sobre este episodio se vuelve en varios lugares de la Escritura, Ne 9, 18; Sal 106 (105), 19; Hch 7, 41.
Tras la división del reino de Israel al ser proclamado rey del norte Jeroboam I, 931 al 910 a. C., residió éste en Tirsá, y estableció cultos al b. de oro en Dan y Betel 1 R 12, 26-33; 2 Cro 11, 13-15; 13, 8. Yahvéh castigó al rey y al pueblo por este pecado 2 R 17, 20-23.
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